Sánchez acelera y no cesa a la directora de la Guardia Civil
Mercedes González encaja como anillo al dedo, da el retrato robot perfecto de los nombramientos sanchistas en los altos cargos de las instituciones de nuestro país. Es lo que busca el director de Recursos Humanos. Militante de aparato, curtida, disciplinada y sin experiencia de gestión.
Su trayectoria partidista, en la federación socialista que sigue ostentando el récord de puñaladas entre compañeros, no es un dato biográfico más. Es su razón de ser. Es el núcleo del personaje. Por eso llegó a la dirección de la Guardia Civil como si cambiase de sede, pasó de la agrupación al cuartel y siguió haciendo lo mismo.
Lo mismo es obedecer sin rechistar y sin preguntarse lo que está bien y lo que está mal. Lo mismo es aplicar el mismo estilo: mando vertical e imposición demasiado explícita del criterio partidista en una institución que siempre ha hecho del honor y la sobriedad su seña de identidad en el ejercicio del servicio público.
La diferencia entre la búsqueda del interés general y el interés particular explica por qué la Guardia Civil mantiene intacta una credibilidad que no tiene su directora. Carece de autoridad moral y su presencia en el despacho es, a todas luces, una indignidad. También y cada vez más, la del propio Marlaska.
La militante González no........
