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Corrupción y distracción: el juego de Ábalos y de Sánchez

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08.04.2026

En democracia, la Justicia avanza despacio. Pero cada paso retumba. El mes de abril acerca los primeros elefantes y vendrán más. Los casos que afectan al entorno inmediato del presidente del Gobierno no pueden detenerse porque, afortunadamente, seguimos viviendo en un Estado de derecho.

En España, la Justicia avanza todavía más despacio. Pero termina haciéndose justicia sin distinción alguna de color partidario. A veces, quizá demasiadas, la condena en los tribunales llega tarde, incluso, después de la penalización en las urnas. Esa amortización política no borra la gravedad de ningún asunto, pero sí establece una línea divisoria entre el pasado y el presente político.

El sanchismo ha borrado esa frontera del tiempo con la intención de intoxicar a la opinión pública y distraerla de lo fundamental: él llegó al Gobierno para limpiar y todo está más sucio que nunca.

El falso debate es comparar un espanto con otro. La trampa consiste en forzar al ciudadano a preferir una corrupción u otra, en función de su simpatía política. Es decir, en polarizar a costa de desvitalizar a la democracia.

Esencia de polarización: levantar un muro entre los españoles y normalizar la corrupción para mantener la impunidad. Nueva degradación en nuestra vida pública que debemos rechazar.

El ejercicio adulto de la ciudadanía conlleva, en mi opinión, un repudio innegociable a los falsos dilemas impuestos desde el poder político. Yo me niego a tener que optar entre unos corruptos y otros. Simplemente, no........

© El Confidencial