La paella de Central Park: 20 años después de la gran mentira del ladrillo
Más que una efeméride, parece un epitafio. Hace casi veinte años, en septiembre de 2006, la Fundación Astroc se presentaba en Nueva York con una paella gigante para 20.000 personas en el Rumsey Playfield de Central Park, abierta al público y concebida como gran tarjeta de presentación de Enrique Bañuelos y su promotora, un chicharro bursátil que sedujo a políticos de todos los colores, multimillonarios de fina pituitaria y aprendices de brujo.
Los ingredientes llegaron por avión desde Valencia: 1.520 kilos de arroz, 1.000 kilos de judías, 247 litros de aceite de oliva, 270 kilos de tomate triturado, 240 kilos de garrofón, 70 kilos de sal, cinco kilos y medio de pimentón y 430 gramos de azafrán, según contamos entonces en ElConfidencial. También el agua —4.143 litros— viajó desde la Comunidad Valenciana, ya que el agua del grifo de Manhattan no estaba a la altura.
Bañuelos movilizó a medio centenar de paelleros dirigidos por Manuel Velarte, contrató a una banda de música, a intérpretes de dolçaina y tabalet, al cantante Francisco y a figurantes con trajes regionales. El dinero no tiene límite. El sentido del ridículo, tampoco.
Vista con la perspectiva de dos décadas, la fotografía de Bañuelos repartiendo paella gratuita en pleno corazón de Manhattan acabó convirtiéndose en la mejor metáfora del capitalismo de esos años. Aquella paella no alimentaba a miles de personas; alimentaba la ilusión colectiva de una España embriagada de especulación.
Eran los años en que el dinero corría como el vino en las bodas, los bancos parecían tener planchas para imprimir billetes y en España se terminaban cerca de 600.000 viviendas al año. Se vendían bien y se vendían caras. Todo ascendía al mismo tiempo: las acciones, el precio del suelo, las tasaciones, los jets privados y el ego de los promotores.
Aquellos hombres de negocio se parecían demasiado a Charlie Croker, el protagonista de Todo un hombre, la magnífica novela de Tom Wolfe. Personas absolutamente convencidas, como Croker, de que........
