El tsunami geoeconómico de la guerra de Irán
Nadie esperaba que la guerra durara tan poco. Y nadie sabe cuánto durará el alto el fuego. La operación militar de Estados Unidos e Israel contra Irán ha destruido infraestructuras, ha degradado capacidades, ha eliminado a las principales cabezas del régimen. Pero éste sigue en pie. Y ahí comienza el verdadero problema, porque Washington ha entrado en una guerra de elección sin una salida clara, sin un interlocutor identificado y sin el apoyo doméstico que requiere una campaña prolongada. El presidente Trump tiene las elecciones de medio término en noviembre y el foco estratégico puesto en China. Irán es, para él, un paréntesis. La pregunta es si Oriente Medio aceptará ese rol secundario en la nueva estrategia de seguridad nacional.
Conviene detenerse en los escenarios en los próximos cien días. El más probable no es ni la victoria limpia ni la guerra total, sino algo más incómodo: la victoria limitada. Estados Unidos ha neutralizado misiles, drones y parte de la capacidad nuclear iraní. La campaña aérea ha sido masiva, coordinada con Israel, y ha reducido la capacidad de Teherán para atacar a aliados regionales. Pero el régimen existe. Sin ocupación, sin reconstrucción, sin un plan B político, Washington declarará su éxito estratégico porque no tiene otra opción. Es un TACO elegante. Israel celebrará la superioridad militar adquirida y podría adelantar la convocatoria electoral prevista para octubre. Arabia Saudí presiona para ejercer el liderazgo regional. Y este Irán, derrotado, pero no doblegado, reorganizará la narrativa interna de la resistencia para aspirar a otros cuarenta años de revolución islámica.
El escenario improbable era el sometimiento del régimen y la promoción de un gobierno proestadounidense. Es el más seductor para los amantes de la política ficción, empero el más peligroso en la práctica. Requiere........
