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Ninguno de ellos alza la voz

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23.08.2026

Hay relecturas que son también reencuentros. Reencuentros fortuitos, pero aleccionadores. El mío se produjo en la librería Gil de Santander, uno de esos templos laicos en los que deambular entre sus estanterías se convierte en una búsqueda inacabable del saber, del aprender y del descubrir.

Si la historia se repite, si nada de lo que sucede ha dejado de suceder antes, si los pueblos y las personas somos distintas, pero no tan diferentes, habría de encontrar alguien que hubiese pensado y escrito sobre la incuria en la que vive nuestro país, sobre el silencio espeso de los que debieran denunciar y, sin embargo, callan.

Y lo encontré. Antes del hallazgo, me hice con una recopilación de artículos de Julio Camba; con El final del conde Folke Bernadotte; con las biografías de Geminello Alvi, Excéntricos; con Entrevistando a Hitler. El dictador y los periodistas de Lutz Hachmeister y, cuando la cosecha me pareció suficiente, se me fue la mirada a un estante de volúmenes apretados del que extraje uno pequeño y breve: Yo acuso. La verdad en marcha.

Era, claro, el Émile Zola de siempre. Pero reunidas todas sus denuncias del caso Dreyfus publicadas en Le Figaro y L'Aurore, bien sistematizados sus artículos, anotadas las circunstancias en las que fueron redactados y depurados de........

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