La Kitchen de las vergüenzas del PP
"Yo me llamo Mariano Rajoy, como todo el mundo sabe, y luego cada uno me llama como quiere". Cuando el expresidente del Gobierno y del Partido Popular acudió a declarar en abril pasado, esa fue la frase más relevante, la que más se destacó, porque el resto de su testimonio fue exculpatorio y desmemoriado. Es decir, lo habitual en los casos de corrupción: paradójicamente, los dirigentes políticos que acuden a declarar ante la Justicia por un escándalo que les afecta han olvidado todo cuanto ocurrió. Un año equivale a un siglo. "Tengo una memoria magnífica para olvidar", como dejó dicho Stevenson.
Mariano Rajoy sólo pudo decirle al tribunal que, aunque no recordaba nada de lo que ocurrió, de lo que estaba completamente seguro es de que todo fue legal. Así que recordemos lo que ya se ha dicho aquí en otras ocasiones: la trama del Partido Popular, que perseguía acabar con las pruebas que pudiera aportar su antiguo tesorero, Luis Bárcenas, sobre la financiación ilegal del PP y el sobresueldo de varios dirigentes, se debe calificar como uno de los mayores escándalos de la democracia porque reúne corrupción de Estado y corrupción política. Comienza con el manejo de dinero negro, procedente de comisiones ilegales por la adjudicación de obras públicas, y acaba con el empleo de dinero público para hacer desaparecer las pruebas existentes, es decir, para obstruir la labor de la Justicia. Esta semana acaba el juicio y lo normal será que la sentencia se dicte después del verano, cuando haya comenzado el nuevo curso político. Lo que no podemos esperar ni antes, ni........
