¡No a los latigazos del Islam!
Para celebrarlo, un potro de tortura y la espalda de una mujer. Un látigo y un puñado de guardias escupiendo insultos y amenazas que salen de sus bocas y se cuelgan de sus barbas negras, como babas de animales rabiosos. La mujer, pobre mujer valiente, se llama Parastoo Ahmadi, una cantante iraní, y quienes la han castigado a 74 latigazos son los ayatolás de su país, que han querido festejar así que le han ganado la guerra a los Estados Unidos y a Israel. Ahora se sienten más fuertes que nunca, más invencibles, más autorizados a poder masacrar y oprimir a su pueblo porque saben que nadie va a rechistar. Ni siquiera quienes proclamaban el ‘No a la Guerra’ van a iniciar una campaña internacional para denunciar esa salvajada. No habrá un ‘No a los latigazos’.
Tampoco los sacerdotes musulmanes de todo el mundo van a organizar una protesta en las mezquitas para dejar claro que el Islam debe condenar la opresión de la mujer y el fin de las teocracias que asesinan en nombre de Alá. No dirán que el Islam, como religión que comparten, no puede seguir amparando los regímenes teocráticos. Que empiece con gestos claros todo aquel que profese esa religión en los países democráticos a los que han llegado, como España. El burka no es un signo de religiosidad ni de cultura, que no… Debe oírse la voz de los musulmanes proclamando que los estados islamistas no son ni religiosos ni humanos. Son dictaduras sangrientas. Que lo digan también, ‘No a los latigazos en nombre del Islam’.
El origen de esta guerra, aunque no se le haya dado apenas importancia y se haya olvidado por completo, tuvo muchas similitudes con aquella otra guerra que resultó desastrosa, la guerra de Irán para derrocar a Sadam Husein.........
