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Un Estado averiado: el sanchismo es el kirchnerismo español

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27.01.2026

Destruir el tejido institucional. Practicar compulsivamente la mentira. Entregar el control del Estado a los despiezadores del Estado. Comprar íntegramente el ideario populista y llamarse progresista. Inocular el choque bipolar como principio estratégico. Despreciar el principio de legalidad, desbordando sus límites en aras de la propia conveniencia. Amamantar una red de corrupción gestada en el corazón del poder. Erradicar la meritocracia en la selección de las élites, inundando el espacio público de ignaros obedientes. Descoser los consensos que fundamentan la convivencia. Implantar un modelo de liderazgo (más bien de jefatura) narcisista y de querencia autocrática, desconectado de cualquier noción de interés general. Disolver lo comunitario en pro de lo identitario, alentando las fuerzas centrífugas que anidan en la sociedad.

He aquí un apretadísimo resumen de la obra del sanchismo. Lo que ha hecho del creador de la criatura el personaje político más tóxico de la democracia española y el más detestado por decenas de millones de ciudadanos de toda clase, ideología y condición. Lo que ha operado como una fábrica masiva de orfandades y apostasías que me honra compartir. Lo que ha hecho del país un espacio irrespirable, de la política un conjunto de prácticas infames y de los partidos los artefactos más aborrecidos por la sociedad. Lo que abocará a la asfixia a esta democracia constitucional a poco que obtenga unos años más en el poder mediante pactos estrafalarios.

Pero Sánchez no inventó nada, salvo una colección de patrañas. En lo sustantivo, todos los rasgos mencionados se reconocen en nuestro pasado y en la experiencia de otras naciones sometidas a la peste de los regímenes populistas, se adscriban a la derecha extractiva o a la izquierda reaccionaria. O a ambas, como el peronismo. El párrafo que abre este artículo puede aplicarse íntegramente, por ejemplo, al kirchnerismo que destrozó la nación argentina.

Cito ese caso concreto -paradigmático, pero no exclusivo- porque recuerdo con frecuencia la fórmula cínica con la que muchos pertinaces votantes del peronismo definen a sus dirigentes: "Roban, pero hacen". La eficiencia que se les atribuye (consistente básicamente en un modelo demagógico y disparatado de gestión de recursos que generó bancarrotas periódicas del Estado y del país) justificó todos los desafueros… hasta que prendió la ira y un chiflado con motosierra desmontó el tenderete de una patada.

Opinión

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