Radiografía del 15-M en Castilla y León
Cuando se celebra una elección, las personas normales cometen la vulgaridad de atender a los resultados principales: quién tuvo más votos que los demás y quién gobernará con mayor probabilidad. Como en cualquier competición, tiende a pensarse que gana las elecciones el que queda primero, sobre todo si le sirve para formar gobierno. Son cosas de “la gente”, que no sabe apreciar los matices.
Quienes no se incluyen en el concepto “la gente” son proclives, por ejemplo, a proclamar la frustración del primero y el éxito del tercero, sin duda más relevante, aunque uno doble al otro en votos y en escaños. O a explicar que aquel otro, habituado a ganar en el pasado, “resiste” porque terminó la jornada en la UCI y no en el tanatorio. Es frecuente ver que un partido (no cualquiera, sino uno concreto) cruza la línea de meta con 15 cuerpos de ventaja mientras columnistas y tertulianos se engolosinan con sus errores y glosan bizantinamente sus fracasos.
Los más pintorescos son esos candidatos que, con denominaciones larguísimas y resultados próximos al 5%, se erigen en intérpretes y depositarios del mandato popular (si es que tal cosa existe).
Vista con la óptica vulgar de las personas normales, la elección del próximo 15 de marzo en Castilla y León se parecerá a las de Extremadura, Aragón y, prospectivamente, Andalucía. El voto de la derecha superará ampliamente al de la izquierda, el PP será el partido más votado y el único con probabilidad cierta de gobernar si consigue un acuerdo con Vox, mientras el PSOE carecerá de cualquier posibilidad de aproximarse al Gobierno regional. La única duda que dejará el resultado es en........
