El PSOE en el siglo XXI y las dos caras de la corrupción
Los miembros del PSOE están orgullosos de la historia de su partido. Se lo enseñan desde el día que reciben el carné. Esa aura de prestigio histórico, con lo que tenga de realidad o de mítica (incluso de mística), impregnó a una gran parte de la sociedad. En este tiempo de putrefacción es frecuente que personas de ideas conservadoras evoquen "el PSOE del pasado"; aunque, en realidad, sólo se refieren al que emergió a partir de la muerte de Franco y duró los 23 años en que Felipe González lo lideró con su voto en contra. No es extraño: yo también echo de menos a alguien que se parezca a Adolfo Suárez, aunque nunca lo voté.
Lo que el PSOE ha ofrecido a la sociedad española en el primer cuarto de este siglo consiste en doce años de Zapatero y otros doce —de momento— de jefatura de Sánchez, con el paréntesis melancólico de Rubalcaba. Millones de españoles sólo conocen el PSOE dirigido por Zapatero o por Sánchez. Entre ambos han transformado la naturaleza esencial de la sigla que heredaron. Para empezar, uno y otro cabalgaron sobre la leyenda de la marca que González hizo renacer de las cenizas para propulsarse a un poder que la sociedad jamás les habría entregado por sus méritos.
No sólo algunas personas se creen impunes; a veces también les sucede a los partidos, contagiados del trastorno narcisista de sus dirigentes. Dos líderes tóxicos para un cuarto de siglo y aún se extrañan de lo que les va a suceder.
Por lo que se refiere al primero, el ciudadano José Luis Rodríguez está en puertas de sentarse en un banquillo junto a sus dos hijas y una secretaria fidelísima. Pero sobre el producto político ZP ya hay veredicto social y ha quedado liquidado para siempre. Las maniobras procesales de su abogado quizá lo libren de una condena de cárcel, pero no volverá a encontrar un político........
