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El decaimiento del derecho internacional del mar y el futuro

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22.04.2026

Somos muchos los que, pese a todo, creemos que el Derecho es lo mejor que el ser humano ha concebido para ordenar la convivencia, mas lo cierto es que hay que hacer un enorme esfuerzo para seguir creyendo en esa idea, sobre todo cuando se trata del derecho internacional, que, como todos sabemos, hace tiempo que está siendo pisoteado sin pudor alguno. Más aún: para los más poderosos, con Trump a la cabeza (sin olvidar a Rusia y a China), la invocación de los tratados internacionales es el único camino que tienen los débiles e incapaces de ser protagonistas de las relaciones internacionales, recurso que, además, no les sirve de nada.

La ciudadanía, especialmente la española, no parece tener una especial sensibilidad ante lo que supone el inexorable hundimiento de un complejo sistema de reglas de conducta y de respeto que se ha construido lentamente como parte de las condiciones que hacen posible la paz y el progreso. Pero la guerra arrambla con todo y, lo que es más penoso, es que ninguna nación osa reclamar el derecho a que los buques de su pabellón puedan navegar libre y pacíficamente por las aguas internacionales en uso de lo que reconoce expresamente el derecho internacional del mar, con especial referencia, también, a los estrechos (y no solo eso).

Las aguas internacionales no pertenecen a ningún Estado, pero el asentamiento de ese principio, hoy vapuleado, no ha sido fácil. Tiempo hubo –el de los grandes descubrimientos y conquistas de los siglos XVI y XVII- en que los que entonces eran imperios navales, como Portugal, España o Inglaterra, consideraban que los océanos eran territorios sometidos por la fuerza de las armas, detentando una especie de derecho natural sobre la propiedad de los mares. Sería un holandés, y gran filósofo del derecho, Hugo Grocio, quien proclamó en su obra Mare Liberum (1609) que los mares no podían pertenecer a ningún Estado, en contra de las tesis de las grandes potencias (y, actualmente, de USA).........

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