¿Pueden Málaga y Gibraltar convertirse en la Singapur europea? La respuesta es sí
Hace poco escribí sobre la importancia que están adquiriendo las periferias de nuestro sistema económico, de los países y de las grandes ciudades globales como frente de batalla híbrido en una guerra que busca desestabilizarnos a nivel geopolítico. Cada vez hay más actores proxys en juego, aumentan las incógnitas y los campos de batalla, pero lo que se esconde al final es una batalla por el poder entre Estados Unidos y China. Pensar que nosotros estamos al margen de esa pugna es una ingenuidad. Todavía no sabemos a ciencia cierta las consecuencias que tendrá la guerra en Irán, ni si la posición española de enfrentarse al imperio de nuestro tiempo nos hará más o menos soberanos. Pero sí debemos tener claro que nos afectará.
Atacar la escala micro, tiene sus derivadas en la macro. Vivimos una época donde las grandes potencias están repartiéndose cartas y por eso es importante explorar cómo podemos jugar bien uno de los pocos ases (Málaga) que tenemos en la manga, para ser nosotros quienes influyamos, en parte, en la estabilidad de nuestro entorno.
Empecemos desde la escala macro. Hace tiempo explicaba el exdiplomático israelí Shlomo Ben Ami, que el mundo árabe vive inmerso en una época de guerras de religión equivalentes a lo que supuso para Europa la Guerra de los Treinta Años. Recordemos que, como bien explicaba Kissinger, el orden mundial cambió tras ese periodo de conflictos. Supuso el auge y el declive de imperios, la redefinición del papel de las naciones, la aparición de los estados y de la diplomacia moderna. Es más, entre sus consecuencias directas se encuentra la caída de la dinastía Ming en 1644. Entre China, el mundo otomano y Occidente ya existían cadenas de suministros, tensiones y cuellos de botella en esa época tan barroca y global como la nuestra.
Hoy el petróleo importa más que la plata, pero esos cuellos de botella del sistema siguen siendo los estrechos y los canales por los que fluye el comercio. En el mundo árabe hay tres: Ormuz, Bab el Mandeb y Suez, y otros tres bañan las costas de países musulmanes: Malaca, Dardanelos y Gibraltar.
Hoy el petróleo importa más que la plata, pero los cuellos de botella del sistema siguen siendo los estrechos y canales por los que fluye el comercio
Hay dudas sobre el control de los estrechos árabes. China puede perder el petróleo persa que tanto necesita. Los mercantes que viajan desde el gigante asiático a Europa pueden acabar hundidos. Hay dudas porque la guerra contra Irán y el cierre del estrecho de Ormuz ya es una realidad. También porque hay piratas en las costas del cuerno de África y ataques con drones y misiles desde Yemen a los barcos que actúan como línea de vida del comercio internacional. El Irán bombardeado sigue apoyando a los hutíes contra la coalición liderada por Arabia Saudí y Emiratos Árabes, que a su vez apoyan a bandos enfrentados en la guerra civil sudanesa. Hay dudas porque el anclaje terrestre entre China e Irán es a través de Pakistán y Afganistán, dos países en conflicto abierto. Con la lucha de poder de Washington y Pekín de fondo, la anarquía de esta suerte de "Guerra de los Treinta Años" árabe multiplica las incógnitas.
De hecho, un ejemplo de cómo se intentan despejar esas preguntas abiertas lo vimos pocas semanas antes del comienzo del actual conflicto con Irán. El ejército israelí estableció una base militar en el pseudo estado de Somalilandia. Como sucede con el estrecho de Ormuz, el entorno de Bab el Mandeb es un objetivo que debe ser controlado por los actores internacionales. Un cuello de botella del comercio global. Escalas micro y macro. Quien controle esos pocos kilómetros de agua, podrá cerrarle la puerta al rival. Allí tienen base permanente Estados Unidos, China, Francia (y resto de la OTAN), Emiratos Árabes… y ahora Israel.
La anarquía llegó y es difícil hacer planes a futuro entre andanadas de misiles balísticos en Ucrania y Oriente Próximo, con operaciones de bombardeo y extracción en Venezuela, con Washington amenazando con invadir Dinamarca por no controlar debidamente sus posesiones y diciendo que España es un aliado terrible.
¿Y qué pasa con Gibraltar?
Vayamos acercando el zoom. El caso es que, en uno de los cuellos de botella de este mundo tan volátil, nuestro país tiene costas en los lados norte y sur. Tiene costas y fronteras terrestres problemáticas, tanto con Marruecos en Ceuta, como con el Reino Unido en Gibraltar. Una frontera que ahora parece que va a abrirse...¿definitivamente? En el Estrecho no solo se cruzan los barcos, sino los irredentismos. Aquí hay bases militares como en Bab el Mandeb, pero hay pocas dudas sobre quién manda. EEUU controla el estrecho directamente desde sus bases en Rota y Morón, y también gracias a la Royal Navy en el Peñón y al fiel aliado Marroquí en Tánger. Washington tiene a los tres países alineados con ellos… ¿o no?.
Por el momento, el........
