Mi abuelo es Cary Grant
La mirada de mi abuelo se ha azulado con el tiempo. En junio cumplirá 97 años y yo lo contemplo como un ser mitológico. Su voz se mantiene grave aunque presenta ligeras grietas por el siglo que le acompaña. Por sus labios se cruzan historias sobre un mundo que marchó, fábulas de Gabriel y Galán, dichos sobre Manolete y Uzcudun y coplas como aquella sobre Rosita la cigarrera, que por dejar manchar al barrendero se arrepintió toda su vida.
Cuando habla es como sintonizar la radio en los años 50 o 60, un viaje al pasado sin condensador de fluzo. Por su garganta pasan los principales episodios de su vida, aquellos que nunca olvida y que forman parte de la épica de un hombre pobre de pueblo que nunca ha salido de España.
Cuenta cómo se escondía debajo de la cama de su madre enferma cuando venían a buscarle los amigos, allá en los años 30, pues no quería separarse de ella. Murió cuando todavía era niño y dice que su nieta Amaya le recuerda a ella por el color de su pelo. Habla con admiración de su padre viudo, omitiendo que era un asiduo de la taberna y el licor.
Recuerda el tiempo que pasó al lado de otra cama, la de su novia, que falleció de meningitis y por la........
