La hora de los Estados eficaces
Desde que la ola de malestar social irrumpiera con fuerza tras la Gran Recesión de 2008, no pocas veces nos hemos preguntado si los motivos de su crecimiento tenían más que ver con aspectos económicos o culturales. No es una dicotomía fácil. Al fin y al cabo, tiempo después, y pese a la recuperación del crecimiento y el empleo, fue cuando los partidos que impugnaban el sistema desde el extremo derecho empezaron a conocer sus mejores resultados.
La incontestable derrota del húngaro Viktor Orbán a manos de su excolaborador Peter Magyar en las pasadas elecciones legislativas húngaras puede interpretarse como una respuesta clara en favor de los resultados económicos: no hay política cultural ni identitaria fuerte que camufle un desempeño económico magro y una alta inflación, y menos aún cuando el resultado de esa "batalla cultural" contra Bruselas tiene como resultado la retención de miles de millones de euros de distintos fondos europeos. La ley de la gravedad en su versión económica funciona incluso en una Hungría que ha conocido un ataque preocupante a su Estado de derecho y a su libertad de prensa.
Cabe esperar que el cambio en Hungría refuerce la posición de Ucrania (como muestra el desbloqueo de los 90.000 millones de euros comunitarios con destino a Kiev que Budapest había vetado), y que regresen cierto consenso y determinadas leyes no escritas en el funcionamiento de las instituciones europeas. En un momento de gran incertidumbre económica y comercial por la guerra en Irán y el bloqueo del estrecho de Ormuz, impulsada también por el cambio tecnológico y el pulso entre superpotencias, todo lo que contribuya a la estabilidad europea es importante. Más aún cuando el........
