Cosas que los chavales no deberían hacer (pero es comprensible que hagan)
Fueron a juicio unos chavales por hacer cosas de chavales. O sea, cosas malas. Diez chicos de catorce y quince años utilizaron tecnología IA para desnudar a sus compañeras de aula y ahora se les acusa de difundir pornografía infantil y de atentado contra la integridad moral. Otros chavales en otros institutos hicieron lo mismo. Si Umbral registró en varias novelas la pulsión por mirarle las bragas a las niñas, siendo él niño también, ahora alcanzamos un grado superior de curiosidad desbocada. Los chavales se han declarado inocentes. E inocentes, en cierto sentido, son.
Las noticias sobre estas chiquilladas se presentan con el exceso que pide la época. De primeras, los titulares sobre los chicos de Valladolid, de León o de Valencia hablan de difusión de fotografías de chicas desnudas. Entonces pensamos que los chicos se colaron en los baños o en los vestuarios, ocultaron cámaras o hackearon ordenadores, violentando así la intimidad de sus amigas. En rigor, los chicos no podrían estar más lejos de la desnudez femenina que simulándola con Inteligencia Artificial. Es esa lejanía, al cabo, la que les lleva a pedirle a un programa informático que desnude a su crush.
Desde el punto de vista de ellos, el suceso no puede ser, en efecto, más inocente. Movidos por el deseo sexual recién llegado a sus vidas, lo que antes (Umbral) eran miraditas en clase y búsqueda de ángulos promisorios en las escaleras (la falda, las bragas), se vuelve hoy consolación tecnológica a gran escala. Uno dice que su hermano tiene una app que “desnuda” chicas; otro dice que prueben con la foto que Elena o María ha subido a su Instagram. Otro les pide ver el resultado. Entre risas, esas fotos de falsos desnudos se distribuyen por WhatsApp o Telegram. Llegan a los padres y profesores. Eres un delincuente y sales en la prensa.
El desnudo simulado me genera dudas. En el caso que nos ocupa, no está claro aún si los chicos simplemente pegaron la cabeza de una niña al cuerpo de una actriz porno o consiguieron que una IA la despojara de ropa real para proponer piel digital imitativa. Quiero decir que, realmente, ninguna niña ha sido desnudada; solo se ha creado una anticipación salaz y compensatoria para el deseo enloquecido de unas hormonas en exceso demandantes.
En rigor, los chicos no podrían estar más lejos de la desnudez femenina que simulándola con Inteligencia Artificial
Así las cosas, las chicas agraviadas no ven sus cuerpos desnudos, sino cuerpos falsos o ajenos propuestos como suyos, aunque nadie más que ellas sepa que esos cuerpos no son los suyos. Un lunar, una cicatriz (apendicitis), el tamaño correcto, la forma exacta, el color de piel. Todo sigue siendo privado.
Sin embargo, desde el punto de vista de ellas, el daño es considerable. Por mucho que ellas sepan que no están desnudas en un grupo de WhatsApp, comprenden que todo el mundo cree que las ha visto desnudas. La única forma de negar que esos cuerpos desnudos son de ellas sería desnudarse de verdad y difundir los cuerpos desnudos auténticos como refutación, lo cual no parece una estrategia oportuna. Así, jugando con la judicatura, pienso que los delitos que mejor se acomodan a este llamativo caso son el de calumnia y el de injuria. La calumnia de decir que esa desnudez es la mía; la injuria de decir que esos pechos son los míos.
Valdría lo mismo para un desnudo simulado de un chico o de un hombre, por supuesto. ¡La injuria del tamaño!
Parece excesivo en todo caso acusar a estos chavales de “difundir pornografía infantil”, como si fueran los peores adultos de entre nosotros, sobre todo cuando vemos que la multa solicitada por la acusación es de mil euros y que el Ministerio Fiscal se conforma con “doce meses de trabajos socioeducativos”. Imaginen a estos chicos (catorce, quince años) en un banquillo, en un juzgado, ante un juez, con papá cabreadísimo, con mamá avergonzada, por una tontería que hicieron en cinco minutos y que no sabían que era tan excitante como criminal. ¿Qué van a saber?
Sobrevuela, sin embargo, sobre ellos una condena social parecida a la que recayó en los estudiantes del Colegio Mayor Elías Ahuja o en los de Magisterio de la Universidad de la Rioja, los primeros por unos cánticos obscenos desde unas ventanas y los segundos por un chat desaforadamente atento al atractivo de sus compañeras universitarias. Mucho machismo, diría Ángels Barceló.
No hay maldad en estos desnudos ficticios, ni deseo de hacer daño, sino la inconsciencia de la posibilidad
“Mi deseo es más rápido que yo: yo solo sigo, a oscuras, sus huellas transparentes”, dijo el poeta. El deseo sexual es velocísimo, sobre todo con quince o veinte años, y los varones van a oscuras detrás de huellas que no ven, de anticipaciones a las que no pueden resistirse. No hay maldad en estos desnudos ficticios, ni deseo de hacer daño, sino la inconsciencia de la posibilidad. Las redes sociales facilitan cientos de fotos de chicas y mujeres que antes solo podías ver (a esas chicas) en persona. La IA facilita modificar imágenes a tu antojo, incluido el desnudo. Basta un clic, una cerveza, una tarde sofocante con amigos. Y la lías como pionero del crimen.
No hay solución cierta para este entuerto salvo un principio de piedad y comprensión, pues habría que ver a los niños que fuimos con un móvil en la mano y la posibilidad de desnudar a todo el mundo con solo apretar cuatro teclas. Lo haríamos. Lo hacen. No son traficantes de pornografía infantil (menuda barbaridad), sino víctimas ellos también del desfase entre la Inteligencia Artificial y nuestro conocimiento de para qué sirve. Para desnudar amigas no debe servir. Ahora lo sabemos, después de algunos desnudos incorrectos.
“El desconocimiento del delito no exime de su castigo”, estableció Cesare Beccaria en el siglo XVIII. En el siglo XVIII no había ni TikTok, y cualquiera podía intuir qué estaba mal, desde robar una cabra a tirar al sacristán desde un puente. No nos aclaramos con la legalidad o ilegalidad de la prostitución después de milenios, ni con la de OnlyFans después de diez años y bastantes suicidios, y queremos que unos chavales no hagan cosas de chavales con el móvil y una herramienta de IA que salió hace una semana.
