La bondad y la mala entraña
“Acuéstate en el sofá, que voy a atenderte”, me dijo amablemente la geriatra Aleida Santana en la sala de su vivienda, el día reciente en que debí requerir de sus servicios.
Acudía a sus manos por un problema de salud y porque nadie como ella, siempre profesional y gentil, era la más adecuada para atender a este hombre que soy yo, entrado en la tercera edad desde hace tres años.
Es admirable la paciencia y la dulzura de esta mujer, es admirable el modo en que significa la condición humana, desde su puesto en la medicina de hoy y dentro de Caimito.
En uno de los tantos y buenos homenajes que suele regalar la escritora Cecilia Valdés Sagué a los hijos más valiosos de Caimito, sean profesionales o simples trabajadores, esta creadora llegó a escribirle con toda justicia:
“Por gente como Aleida, de los que eligen servir, aliviar, es que existe gente como nosotros, los de la vida con esperanza, los que confiamos en el remedio, los que con solo tocar el marco de su puerta........
