El libro de texto en la batalla contra el analfabetismo (VI)
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El libro de texto en la batalla contra el analfabetismo (V)
LOS MANUALES ESCOLARES EN LA EDUCACIÓN DE LAS NIÑAS
El reconocimiento de la igualdad de derechos entre el hombre y la mujer lleva un largo recorrido hasta nuestros días, siempre con el trasfondo de una desigualdad que ahonda sus raíces en lo más profundo de la sociedad, cuando históricamente se instalaba a la mujer en un status social de inferioridad y dependencia respecto del hombre, reflejando una realidad social donde el papel de la mujer estaba constreñido al horizonte familiar como el único objetivo de ser considerada como buena esposa y mejor madre.
Un fiel reflejo de esta situación lo encontramos en el ámbito de la educación donde las enseñanzas de género estuvieron asentadas de hecho en la escuela y se institucionalizaron después en la Ley de la Instrucción Pública de Claudio Moyano, 1857: los contenidos de primera enseñanza titulados Breves nociones de agricultura industria y comercio según las localidades, Principios de geometría, dibujo lineal y agrimensura y Nociones generales de física e historia natural fueron sustituidos en las escuelas de niñas por Labores propias del sexo, Elementos de dibujo aplicados a las misma labores y Ligeras nociones de higiene doméstica.
Si el objetivo de alfabetización de la sociedad se fue alcanzando con extraordinaria lentitud, este ritmo se acusó especialmente en la población femenina, debido quizás a que los ideales de La Ilustración y el liberalismo no contemplaban en realidad al colectivo de las mujeres, probablemente con el temor de perder el control del acceso a las lecturas y de abrir nuevos horizontes femeninos con la comunicación escrita: hasta mediados del siglo XIX fueron pocas las niñas escolarizadas y menos aún aquellas que alcanzaban las destrezas de lectura y escritura; la escuela daba prioridad al aprendizaje de los trabajos de ama de casa, especialmente a los de aguja e hilo, completándose con la necesaria memorización del catecismo y el aprendizaje de unas reglas propias de urbanidad. Los manuales escolares nos describen claramente esta situación durante el siglo XIX y se irán multiplicando los títulos destinados a la educación de las niñas como reflejo de la obligatoriedad de la enseñanza contemplada en la Lay de la Instrucción Pública, entre ellos, los manuales de Urbanidad para niñas, los libros de Fisiología e Higiene adaptados a las tareas domésticas y especialmente aquellos que combinaban el objetivo moralizante con los contenidos adaptados a una instrucción de género.
Muchos de estos libros mantenían siempre el mismo esquema expositivo, donde la protagonista era una niña de tierna edad, siempre de cabellos rubios y ojos azules, nacida en el seno de una familia urbana con un padre de profesión liberal; la niña iba creciendo a medida que se sucedían las lecturas moralizantes y se iban intercalando con contenidos interdisciplinares del conjunto de materias del sistema educativo de la época, y siempre bajo la tutela de los principios de la religión y de la fe como conductores de la instrucción en la escuela. Entre los más populares destacan los manuales titulados como Flora, Luisita, o Margaríta en La perla del hogar, aludiendo al nombre de la niña modelo que........
