Carlos Tejedor Lázaro: “Nos gusta decir que somos cocineros de alimentos”
Carlos Tejedor Lázaro: “Nos gusta decir que somos cocineros de alimentos”
El presidente ejecutivo del Grupo Tejedor Lázaro es el último representante de la segunda generación de una empresa familiar que comenzó vendiendo huevos en un pequeño pueblo de Segovia y ahora lleva sus productos a 85 países de todo el mundo
Carlos Tejedor Lázaro posa en su despacho./ E. A.
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Hace más de 70 años, en Segovia nadie hablaba de emprendimiento, pero había emprendedores. Aventureros, locos, visionarios… Entre ellos, José Luis Tejedor y Ana Lázaro, dos maestros que en el pequeño pueblo de Remondo recibían gallinas como regalo de los agradecidos padres de sus alumnos. La venta de los huevos que ponían esas gallinas son el origen del actual Grupo Tejedor Lázaro que empezó a crecer desde una pequeña granja avícola hasta llegar a los 85 países en los que actualmente está presente con su alimentación para mascotas y peces o en los que diseña granjas de acuicultura. Carlos Tejedor Lázaro (Fuentepelayo, 1959), hijo de José Luis y Ana, está al frente de una empresa familiar asentada en Fuentepelayo y con sedes en Santander y la República Checa que presume de seguir manteniendo los valores con los que se creó y que se preocupa en transmitir a las nuevas generaciones y a sus clientes. Con dos hijos, todavía no tiene nietos, saca tiempo para estar activo en las organizaciones empresariales y disfrutar de una vida de la que se dice enamorado. -En Hollywood harían una película con la historia de su familia. -En los años 50 se decía eso de que ‘pasas más hambre que un maestro de escuela’, y mis padres tenían muchos hijos que alimentar; en el año 51 tres, y llegaron a tener seis. En Remondo, daban clases particulares a niños, las cobraban, claro, pero si algún niño tenía cualidades pero no dinero se las daban gratis. Luego llegaban los agradecimientos de los padres en forma de tomates o gallinas. Los huevos de esas gallinas que no se podían consumir en casa se vendían. Era una actividad complementaria, pero es cierto que así empezó todo. -¿Y cómo siguió? -Cuando se trasladaron a Fuentepelayo pusieron una pequeña granja de gallinas ponedoras. Yo recuerdo todavía mi casa llena de niños recibiendo clases de mi madre, pero mi padre dejó de darlas pronto para dedicarse al gallinero. Después llegó la distribución de piensos compuestos y en los años 70 mi padre fue cofundador de Proinserga, una cooperativa de porcino de Segovia que todavía existe como sociedad anónima. La cooperativa se dedicaba al porcino en ciclo cerrado, una actividad relativamente novedosa en España, daba servicio a los ganaderos y construyó en Fuentepelayo una fábrica de piensos. -¿Y cuándo se independizan? -En los años 80, yo estudié veterinaria y empezamos a hacer cosas innovadoras con el ganado porcino y vimos que se podían hacer muchas cosas desde el punto de vista de la alimentación animal y entonces, en 1985, decidimos dejar Proinserga. Construimos nuestra propia fábrica de piensos de autoconsumo para ganado porcino que denominamos División Ibérica de Programas Técnicos Ganaderos (Diproteg). De esa fábrica todavía queda alguna pared en pie que forma parte de la actual factoría de Fuentepelayo. -Poco después apostaron por la acuicultura cuando era un sector que estaba naciendo. -Sí, en 1987 fundamos División Ibérica........
