Reunidos (a todas horas)
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Diez de la mañana. R entra en la sala de juntas de su empresa. La reunión está a punto de comenzar. Es la cuarta a la que acude en la semana y aún es miércoles. Pertrechado con un bolígrafo, un par de folios en blanco y el móvil como agenda, repara en E, el jovencito que apenas lleva un mes en la casa y que, por enésima vez, repasa el taco de notas y gráficos que ha elaborado para la ocasión. Sonríe para sí. Después de 30 años, las reuniones de trabajo ya no le provocan ansiedad, sino hastío.
A la misma hora, U sale al portal con un café en una mano y un cigarrillo en la otra. Ha abandonado su puesto frente al ordenador mascullando una excusa: no va a decirles a sus compañeros de pantalla que las reuniones por Teams la traen a mal traer. Más de una hora aguantando el tipo ante la cámara y aún no se ha decidido nada. ¡Con lo que avanzaría ella si la dejaran trabajar sola en su despacho! Se enciende otro pitillo.
Por la otra acera, N camina a buen paso con la mochila colgada al hombro. Hoy se lleva la comida al instituto: a primera hora de la tarde hay claustro de profesores. Otra reunión interminable, otra más, en la que después de ser informados de la obligación de cumplir nuevos e inútiles trámites burocráticos, todos abominarán a una sola........
