El bar de Paco
23 de abril, fiesta de la comunidad castellano y leonesa
PEDRAZA. TORRES PARA MOROS, CAMPANARIOS PARA CRISTIANOS
Infraestructuras abandonadas
Julio tiene 78 años. Viudo desde hace 5 años. Está jubilado, y sus hijos, a los cuales adora, le van a ver todos los domingos. Rara vez entre semana pues también tienen familia, obligaciones, y las esposas trabajan.
Para él, eso, aunque le gusta, no tiene importancia. Ha asumido desde la muerte de su esposa, que lo que le queda es esperar a que “el señor se lo lleve con su mujer”, como le gusta decir.
Sus amigos han muerto todos. Uno detrás de otro. Por otro lado es muy tímido, aunque no insociable, pero es amable eso sí, le cuesta hacer nuevos amigos. Su aparente seriedad, su sequedad en la conversación, está motivada por su timidez.
Con la venta de su vivienda de toda la vida, y la pensión que le ha quedado, puede pagar una “Residencia para mayores”.
Sus costumbres, más semejantes a un militar que a un empleado de banca, son escrupulosas y puntuales. Se viste bien. Un pañuelo de seda que coloca alrededor del cuello y le cierra la parte del pecho que la camisa, abierta en su parte alta con dos botones desabrochados, permite ver.
Su colonia de marca Álvarez Gómez, la que ha usado durante toda su vida, impregna toda la habitación, incluso la planta en donde está ubicado.
La zamarra, o chamarra, en jerga, como a él le gusta decir, que se pone es gruesa y de color azul marino. Los pantalones grises de tergal y unos zapatos cómodos, nada caros.
Está calvo, pero ya desde los treinta años.
-Yo tenía un pelazo, pero en la “mili”, la gorra, iba pasándose de una cabeza a otra.
Esa es su explicación.
En la residencia le quieren y admiran por su discreción y educación. No es dado a hablar con nadie, ni discutir, tan solo saludar. “Que no nos falte nunca la educación, y que se note.”
-Nos han llamado de la........
