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Cosas malas a la gente buena

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Cosas malas a la gente buena

Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Quería dejar mi apatía por los libros de superación personal. Cada vez que visitaba una librería, dudaba sobre si escoger tales temas.

“¿POR QUÉ LE PASAN COSAS MALAS A LA GENTE BUENA?”, de Iván Gutiérrez Rodríguez, era el título que me tentaba.

Pero, si no es por mi encuentro inesperado, coincidencial y oportuno, con un amigo bibliófilo, que admitió era buen libro, pero con argumentos me disuadió, me hubiera vuelto consumidor de libros de esoterismo, pareciéndome a una amiga que lleva años en esto, pero sin lograr redimirse.

Me pregunté de qué valieron mis lecturas del “Arte de amar” y “Miedo a la libertad” de Erich Fromm.

Mi amigo, muy cuerdo y muy majo, me convenció de que en vez de leer trescientas páginas, reflexionara por diez minutos sobre el libre albedrío de los seres humanos.

Que hay personas que dicen creer en Dios, pero d no saben créele a Dios. Que más que orar, demostremos lealtad y ética en nuestras acciones. Recordé a mi madre cuando me advertía que “Dios no castigaba ni con palo ni con rejo, sino que sí daba señales con las adversidades que nos suceden y con las enfermedades que padecemos y, que injustamente con la mala energía, las transmitimos a la familia”.

Que debemos diagnosticar nuestros deslealtades, deshonestidades, los placeres espurios y antinaturales, que llaman las desgracias; productos de impulsos inconscientes anidados en el subconsciente.

Nuestro propósito será liberarnos de conductas nocivas con que dañamos a otros, filialmente o como parejas.

Mi amigo me intuyó que SOMOS NOSOTROS QUIENES PROVOCAMOS COSAS MALAS EN LA GENTE BUENA.

Luis Ángel Muñoz Zúñiga


© Diario Occidente