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La visitante

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09.06.2026

De un tiempo a esta parte, tengo una de esas tristezas que cuando ven calentar en la banda una alegría se hace grande y que, probablemente, se asemeja más a una forma de ser que a un estado anímico. Cada día, se levanta temprano y antes de que salga el café ya ha construido un discurso que, aunque no me competa de manera directa, he de asumir a rajatabla y, sobre todo, participar en su expansión. Esta mañana, por ejemplo, no le venía bien el sol que campaba a todo lo ancho y largo, y daba igual que el vientecillo que lo acompañaba lo resolviera en algo muy liviano, incluso en algo muy agradable, como si lo que de verdad le molestara fuera la ausencia de alguna nube con la que fabular en la posibilidad de una tormenta de granizo cuando cayera la tarde.

El primer día que entró en casa no me dirigió la palabra, se dedicó a observarme. Y como a mí su presencia todavía no me pesaba, no le eché cuentas y seguí con lo mío. El segundo día, se sirvió de la confianza que, según ella, yo le........

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