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¿Quién responde cuando se cae el banco?

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26.02.2026

Por: Ramiro A Gutierrez P.

El pasado fin de semana, la caída en la mayoría de los servicios virtuales de uno de los bancos con mayor cantidad de usuarios en el país no fue simplemente una falla técnica. Fue una situación que puso en evidencia lo dependientes que nos hemos vuelto de las plataformas digitales para algo tan básico como disponer de nuestro propio dinero.

En cuestión de horas, miles de personas quedaron sin acceso a sus recursos. No porque no los tuvieran. Simplemente porque el sistema falló.

Y cuando falla el sistema de un banco de esta magnitud, la afectación no se queda en la pantalla del celular. Se siente en la calle.

Hubo familias que dejaron de salir a comer porque no tenían efectivo y contaban con sus pagos electrónicos. Microempresas que vieron caer sus ventas porque sus clientes no pudieron hacer pagos o transferencias a algunas billeteras electrónicas ni utilizar la Llave de Bre-B. Comercios que un domingo normal dependen en gran medida del flujo digital y que ese día simplemente se quedaron esperando.

Durante años se nos ha insistido, con razón, en la importancia de la inclusión financiera. Colombia ha avanzado en que más personas tengan cuentas, usen billeteras digitales y accedan a servicios formales. La inclusión financiera es clave para el desarrollo económico y social del país. No se trata solo de abrir cuentas, sino de que las personas puedan usar servicios como ahorro, crédito, seguros y pagos digitales de manera efectiva.

Sin embargo, lo que ocurrió este fin de semana muestra otra cara del asunto, cuando todo depende de la tecnología, cualquier error se convierte en un problema colectivo.

Y aquí es donde me surgen algunas preguntas: ¿qué repercusiones reales enfrentan estas entidades cuando fallan? ¿Dónde están los organismos de control cuando una caída tecnológica afecta la dinámica económica de miles de personas y pequeños negocios? ¿Basta con un comunicado y una disculpa pública para asumir la responsabilidad de un impacto que va mucho más allá de lo técnico?

No se trata de estar en contra de la digitalización. Al contrario, ha sido un avance enorme. Ha facilitado transacciones, reducido tiempos y permitido que emprendedores y microempresarios operen con mayor agilidad. Pero cuando concentramos toda nuestra vida financiera en una sola vía, quedamos expuestos.

También como usuarios debemos hacer una reflexión. En nombre de la comodidad, estamos dejando de lado el efectivo y otras alternativas, confiando plenamente en que las plataformas siempre estarán disponibles. Y cuando no lo están, quedamos inmovilizados. Es una paradoja, tenemos más herramientas que nunca, pero a la vez somos más vulnerables cuando fallan.

La verdadera inclusión financiera no puede convertirse en fragilidad financiera. Debe ir acompañada de infraestructura robusta, planes de contingencia claros y responsabilidades concretas. Porque no estamos hablando solo de aplicaciones. Estamos hablando de la estabilidad económica cotidiana de millones de personas.

Cuando un banco se cae, no solo se cae una app, se resiente la confianza. Y sin confianza, ningún sistema financiero puede sostenerse.


© Diario del Huila