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Votar es gobernar

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03.03.2026

En Colombia no estamos ante una elección menor ni ante un simple pulso ideológico. Estamos ante una decisión que puede marcar durante años la solidez o el deterioro de nuestras instituciones. Por eso resulta indispensable hablar con claridad, incluso con dureza, sobre lo que está en juego cuando sectores políticos, como el Pacto Histórico, buscan ampliar su poder en el Congreso y en el Gobierno.

Así que, no vote por las listas de partidos pequeños cuya votación, seguramente, no llegará al umbral necesario, (el 3% del voto total), para elegir un senador, como son Verde Oxigeno, Lista de Oviedo, Frente Amplio Unitario, Colombia Segura y Prospera, Patriotas, ¡Ahora Colombia!, Fuerza Ciudadana y otros. No se trata de descalificar a esos candidatos, muchos de ellos buenos colombiano. ¡Se trata de no perder el voto! Ese voto puede fortalecer a los partidos más fuertes que tienen la capacidad de hacer una defensa más efectiva de las instituciones democráticas.

No votar por candidatos que han sido objeto de investigaciones judiciales por presuntos actos de corrupción o malas prácticas políticas. Ante eso, el ciudadano responsable no puede cerrar los ojos, ni refugiarse en consignas emotivas.

Es profundamente preocupante que algunos pretendan presentar como “renovación moral” a figuras que arrastran sombras serias en su trayectoria pública. Más inquietante aún es que se intente descalificar cualquier cuestionamiento tildándolo de “ataque” o “persecución”. La democracia consiste en examinar con rigor. Y cuando hay dudas razonables sobre la integridad o el respeto por las reglas institucionales, el deber ciudadano es descalificar el candidato. No hay proyecto político que esté por encima de la ley ni de la ética pública.

Aquí es pertinente la reflexión sobre la “estupidez colectiva”: algo que sucede cuando una parte del electorado decide creer sin verificar, justificar lo injustificable o minimizar hechos graves; no por falta de capacidad intelectual, sino como renuncia voluntaria a pensar críticamente.

Algunos candidatos del Pacto Histórico han construido su narrativa sobre la desigualdad social, prometiendo transformaciones profundas y rápidas. Pero la historia demuestra que los discursos incendiarios, cuando no están acompañados de respeto estricto por las normas democráticas, pueden terminar debilitando precisamente aquello que dicen querer defender. No basta con proclamarse del lado del pueblo; hay que demostrar con hechos una conducta intachable y un compromiso real con la legalidad.

Si existen preocupaciones legítimas sobre candidatos cuestionados, la salida no es abstenerse ni votar en blanco sino participar con mayor determinación. Comparar propuestas, revisar antecedentes, evaluar resultados concretos y castigar en las urnas a quienes no ofrezcan garantías éticas.

El entusiasmo ideológico no puede reemplazar la responsabilidad. Y el deseo de cambio no puede justificar la indiferencia frente a señales de alarma. La democracia no se destruye de un día para otro; se erosiona cuando los ciudadanos perdonan lo inaceptable u “olvidan” la corrupción y la violencia pasada, en nombre de una supuesta “causa superior”.

El voto del 8 de marzo debe ser un acto consciente y valiente. No para alimentar odios, sino para proteger las instituciones. No para repetir consignas, sino para ejercer soberanía con inteligencia. Colombia necesita ciudadanos que piensen, que cuestionen y que decidan con carácter. Porque cuando el voto se ejerce sin ingenuidad y sin miedo, la democracia no se debilita: se fortalece. ¡VOTAR ES GOVERNAR!

OJO/Pida el tarjetón de la consulta. Si no lo pide no se lo dan.


© Diario del Huila