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Los therians

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09.03.2026

Por: Luis Alfonso Albarracín Palomino

Me puse a investigar sobre la nueva tendencia global que se ha venido proliferando en las redes sociales sobre como algunos adolescentes quien asimilarse a los animales. Aunque parezca risible, consideramos que hay necesidad de profundizar sobre esta forma irracional de los comportamientos que se están presentando en algunos integrantes de las familias y que, en algunas ocasiones se les ha convertido en un dolor de cabeza para los padres de familia. Recientemente, en la mayoría de las ciudades capitales, se programaron encuentros de estos seres humanos, que utilizaban disfraces de animales domésticos y que se convirtieron en el centro de atención y en el hazmerreír de las personas que a esa hora deambulaban en esas zonas. Inclusive los medios de comunicación difundieron imágenes de estos eventos en establecimientos educativos y universidades.

Busqué en la IA, que significaba esta terminología desconocida para mí. Encontré algunas definiciones entre las cuales las transcribo textualmente: “Los therians son personas que se identifican, de forma interna, psicológica o espiritual, con un animal no humano, sintiendo una conexión profunda con su “teriotipo” (especie animal), sin creer que físicamente son ese animal. Este fenómeno, popularizado en redes sociales, implica a menudo el uso de máscaras y el quadrobics (moverse a cuatro patas). El término proviene de therianthropy (del griego therion – bestia, anthropos – humano). No es una elección ni una afición, sino una identidad inmaterial. Surgió en los años 90 en foros de internet, pero ha tenido un auge reciente gracias a la visibilidad en plataformas como TikTok e Instagram”.

He podido detectar que es una tendencia común entre adolescentes y jóvenes que encuentran validación en la comunidad, aunque ha generado polémica y debate sobre la construcción de la identidad en entornos digitales. Considero que es tarea importante, no solo para los profesionales de la psicología, sino para docentes y autoridades educativas, con el fin de estructurar estrategias que conduzcan a contrarrestar estos comportamientos, que en algunas veces desbordan el control social y que sobre todo al interior de las familias, les está generando dificultades para mantener la interacción adecuada y armónica entre los integrantes de las unidades familiares.  

Con el debido respecto de mis lectores, voy a contar una experiencia que recientemente me sucedió. Unos exalumnos universitarios, me abordaron y me pidieron un concepto sobre la problemática que tuvieron con un hijo en la familia, que quería ser un perro y que lo había tomado a pecho como lo afirmaban nuestros ancestros. Me la pusieron dura. Les aconsejé que fueran a la oficina de Psicología del colegio donde estudiaba y que pusieran en conocimiento de las directivas del plantel. Lo hicieron, pero que la rebeldía del adolescente continuaba con ese comportamiento agresivo de ser therian.

Me sentía impotente. Nuevamente acudieron donde el suscrito. Por el aprecio inmenso que les profeso a los distinguidos exalumnos, se me ocurrió darles un consejo que, sin ser psicólogo, pero con la experiencia de haber sido padre de familia y docente universitario por 37 años, les di un consejo salido de la lógica. Les propuse un plan, pero si lo querían adoptar bajo su responsabilidad. Tomen la decisión de apoyar a su hijo para que se comportara como un perro. Que le compraran el más elegante disfraz de perro, un collar para sacarlo a pasear por el parque, siempre acompañados de sus padres. Adquieran comida para perros y vasijas para que tomen agua. Cómprele una alfombra y una cama para canes. Durante dos días no le vuelvan a dar comida para seres humanos. Siempre con actitudes amorosas y sin regaños. Que el hijo conozca de antemano, como es vivir como un animal doméstico. Suspéndale transitoriamente el celular. A simple vista era risible y salido de tono dichos consejos. Había necesidad de generarle un impacto fulminante al interior de su estilo de vida, para que el joven asimilara dichos cambios en su entorno familiar. Como lo afirmaba Maquiavelo, “El fin justifica los medios”. Por los menos funcionó el consejo.

Posteriormente mis exalumnos, me volvieron a contactar. Resultado de este plan, el hijo les pidió disculpas a sus primogenitores y prometió no volver a asumir dichos comportamientos de ser un therian. Me reservo la identidad de las personas en comento. Pero, considero que el Estado debe contribuir para que estos excesos en los comportamientos anormales en las nuevas generaciones puedan evitarse.


© Diario del Huila