menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

¿Cómo ganarle más a su café?

6 0
16.04.2026

Llevo más siete años trabajando en la industria del café y del comercio exterior. Hemos construido una marca propia, hemos logrado llegar a diversos países, y he aprendido, a veces por las malas, cómo funciona realmente la cadena de valor de este producto que Colombia le vende al mundo como nuestro símbolo nacional.

Por eso, el año pasado cuando vi a un grupo de caficultores protestando frente a una tienda Juan Valdez en Bogotá, sentí algo contradictorio, por una parte respeto profundo por su frustración sobre los valores de los productos finales, pero por otro lado, preocupación genuina por la confusión estratégica que revelaba esa situación.

La primera realidad es que los empleados de esa tienda no tienen nada que ver con el precio que recibe un productor. Llevarán seguramente dos meses en ese cargo, habrán venido de otra industria, y al final solo están haciendo su trabajo. Y Juan Valdez, aunque nació del ecosistema de la Federación Nacional de Cafeteros a través de Procafecol, opera como una marca independiente que compite afuera más que adentro, con empresas como Starbucks e Illy. Sus precios los fija ese mercado, no una decisión que alguien tome en una oficina en Bogotá pensando en el caficultor del Huila. Protestar frente a esa vitrina es reclamarle al mensajero.

Lo sé porque yo también estuve años mirando en la dirección equivocada.

El problema es realmente estructural. La mayoría de productores colombianos siguen vendiendo en verde o en pergamino, el eslabón de menor valor en toda la cadena. La garantía de compra de la Federación es un mecanismo muy valioso, especialmente para productores pequeños que necesitan certeza. Pero también los ancla en el margen más delgado de la cadena.

Miremos los números. Una libra de café en verde puede pagarse entre uno y dos dólares. Esa misma libra, tostada, empacada y con una marca que cuenta una historia de origen, puede venderse entre quince y veinte dólares en Europa o Estados Unidos. Con unos costos adicionales en insumos, producción y logística, claro está, pero el margen sigue siendo mucho mayor.  El café es el mismo. Lo que cambia es quién captura el margen de la transformación.

Cuando decidimos construir nuestra propia marca y exportar directamente, entendimos que el negocio no estaba en producir más volumen. Estaba en subir en la cadena. Tostar, empacar, narrar el origen, venderle directamente al consumidor final. Hoy el ecommerce hace eso posible sin las barreras que existían hace diez años.

Pero también sé de primera mano que no todos los productores tienen el capital, el tiempo o el acceso para hacer ese salto solos. Por eso el Estado tiene una deuda concreta aquí con los agricultores y en este caso en específico, con los caficultores. El Ministerio de Comercio, ProColombia y la Superintendencia de Industria y Comercio deberían crear oportunidades reales y tangibles para que productores registren marcas, certifiquen productos para exportación y accedan a diseño de empaques, ayudándoles con descuentos en registros y créditos privilegiados. Esto debería ser una política de competitividad a nivel país.

La pelea del caficultor colombiano no puede ser con los baristas de una cadena ni con una marca que compite en otro escenario. Es con la posición que nosotros mismos hemos aceptado ocupar en la cadena de valor, y que siempre podemos expandir. Esa pelea sí se puede ganar.

Nosotros lo estamos intentando. Y creo que más productores pueden hacerlo también, con las herramientas correctas y el apoyo que merecen por parte del Estado y el Gobierno de turno.

Con el aroma de un café 100% huilense, los saludo,

Santiago Ospina López


© Diario del Huila