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Elegidos y electores

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07.03.2026

Por: José Eliseo Baicué Peña

Este domingo 8 de marzo será un día determinante para el país. Se llevará a cabo la gran jornada electoral que busca escoger 102 senadores, 182 representantes a la Cámara, además, de tres consultas interpartidistas para elegir candidatos presidenciales.

No sobra decir, que los candidatos que resulten elegidos de estas tres consultas, tendrán que ir a la primera vuelta que se desarrollará el próximo 31 de mayo.

Se ha comentado mucho sobre los tarjetones. Lo cierto es que son dos obligatorios y uno opcional. El jurado entregará el de Senado y el de la Cámara. En las zonas rurales, exclusivamente, se entregará un tarjetón para votar por las curules de paz.

En este sentido, candidatos, organizadores, medios de comunicación, jurados, auxiliares, y demás colaboradores del Estado, se aprestan a cumplir con ese derecho de votar, de elegir.

Claro, que hay otro sector de la población que también estará expectante este domingo: los electores.  Y, más que expectante, es, en últimas, la población objeto. 

Pues, es, precisamente, para los electores que se piensan lemas, se diseñan volantes, folletos, plegables, vallas, comerciales, tarjetas, y demás estrategias para vender un nombre o un partido. 

Son las sumas de sus decisiones las que definen los nombres que ocuparán esas curules o distinciones.  Es decir, está en ellos esa gran y crucial tarea. 

En esencia, lo bueno de las democracias es que se tiene en cuenta la opinión de todos. O, al menos, de todos los que hacen uso de la democracia. Claro, pensando la democracia desde la base de la participación de todos.

Analizar la participación electoral, por ejemplo, es cada vez más importante ya que votar representa el derecho elemental de cada ciudadano a participar en política y, al mismo tiempo, abriga los dos principios básicos de la Democracia: universalidad e igualdad. 

Es decir, que, si se saca algo a votación, y se vota, hay derecho a quejarse, a reclamar, si no, pues no.

Sin embargo, votar no es la única, ni la más efectiva forma de participar en política. Aunque votar es una forma de participación que demanda un mínimo de esfuerzo y no envuelve conflicto alguno, tiene la desventaja de no impactar significativamente en el contenido de las políticas y de no generar beneficios tangibles e inmediatos para el elector

Los electores, por su parte, además de elegir deben prepararse para vigilar, reclamar y exigir, a los que eligieron, el cumplimiento de sus propuestas. Los electores no deben permitir que los nuevos elegidos (y reelegidos) continúen actuando como autoridades independientes abandonando e ignorando el trabajo y protagonismo de quienes los eligieron. 

Es por eso que debe darse un voto razonado, desenganchado del emotivismo imperante de los tiempos proselitistas.  Esto sería lo ideal.  Pero en Colombia, en la actualidad esto es un imposible.  No hay que olvidar que un buen porcentaje de los votantes tiene un bajo nivel de escolaridad y otro tanto, de analfabetismo.  ¿Cómo generar un voto bien pensado entonces?

He ahí, un gran problema. Usted decide.


© Diario del Huila