Así se fabrica un alcalde en Neiva
Por: Johan Steed Ortiz Fernández
Para ser alcalde de Neiva no hay que estudiar la ciudad. Ni siquiera tener método, disciplina, aunque sí, una larga experiencia en simulación.
Si uno mira con cuidado la película de los últimos veinticinco años, aparece un patrón casi perfecto, como si existiera un manual no escrito para llegar al despacho del piso quinto. El perfil cambia de nombre, de afiche y de color, pero el resultado suele ser el mismo: mucho currículo, más de una campaña, mucha promesa vacía y poca visión de ciudad.
Desde el año 2001, cuando los alcaldes de Neiva comenzaron a gobernar con planes de desarrollo elegidos por voto popular, todos prometieron lo mismo: transformar la ciudad. Cada cuatro años se anunció el punto de quiebre. “Neiva merece ser”, “un cambio del cielo a la tierra”, “un pacto por lo nuestro”, “unidos para mejorar”, “Neiva, la razón de todos”, “mandato ciudadano, territorio de vida y paz”… y hoy, “Acciones por Neiva”. Hemos cambiado muchas veces de eslogan, y también de planes que crecen en páginas y diagnósticos, pero no de rumbo. El resultado se repite: planes ambiciosos que se quedan en el papel y un municipio que avanza sin dirección clara.
La diferencia es que el plan actual ya superó la mitad del periodo de gobierno y, aun así, la ciudad sigue esperando resultados. Más aún: recientemente el alcalde afirmó que ya se ha cumplido cerca del 70 % de las metas, una declaración que para muchos neivanos sonó primero a broma y luego a desconexión. Porque la percepción ciudadana es otra: las acciones no se sienten, las........
