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Escribir también es ganar: reflexión sobre una bienal que reconoce la literatura huilense

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21.02.2026

Por: Hugo Fernando Cabrera Ochoa

Desde el momento mismo en que escribí el punto final de mi tercera novela, La conjura de un olvido, sentí que había ganado. No porque el oficio de escribir garantice premios o aplausos, sino porque levantar una historia desde la nada, sostenerla en el tiempo y conducirla hasta su cierre es, para quien escribe, una victoria íntima. Quienes se mueven entre la poesía, el ensayo, la crónica, el cuento o la novela saben que la página en blanco también es un territorio de resistencia, y que concluir una obra es, muchas veces, vencer la tentación de abandonar. Hoy, al mirar atrás, cuento ya con cuatro novelas escritas, una antología de cuentos y otra de poesía, más que trofeos, estaciones de un camino personal con la palabra.

El pasado jueves 19 de febrero, fecha en que se conmemoró el natalicio de José Eustasio Rivera, autor de una de las obras más emblemáticas de nuestra literatura, La vorágine, se realizó en Neiva el acto de premiación de la vigésima versión de la Bienal Internacional de Novela que lleva su nombre. A esa convocatoria presenté la novela mencionada, consciente de que participar ya era, de algún modo, entrar en conversación con una tradición literaria que nos interpela como región y como país.

En un gesto que honra la relación entre institucionalidad y cultura, el alcalde de Neiva, Germán Casagua Bonilla, junto a la secretaria de Cultura, Tania Peñafiel España, rindieron homenaje a los escritores y escritoras huilenses que participamos en la bienal. Fuimos quince los autores locales que sometimos nuestras obras al veredicto del jurado, y a todos se nos brindó un reconocimiento que trasciende la competencia para situarse en el terreno más fértil del estímulo: el del respaldo simbólico al oficio de escribir en un contexto donde la cultura suele abrirse paso con esfuerzo.

Al acto asistió también el gobernador del Huila, Rodrigo Villalba Mosquera, así como el representante de la Fundación Tierra de Promisión, el jurista Diógenes Plata Ramírez. Sus intervenciones, junto con las del alcalde, estuvieron atravesadas por la exaltación de la vida y obra de Rivera, recordándonos que la literatura no es un lujo ornamental, sino una forma de leer el territorio, de narrar sus tensiones y de preservar la memoria de lo que somos.

Tal vez ninguno de los huilenses que participamos en esta edición obtuvo el máximo galardón, pero el reconocimiento recibido nos confirma que escribir, en estas latitudes, sigue siendo un acto de fe. Fe en la palabra, en la persistencia y en la posibilidad de que las historias locales dialoguen con lectores más amplios. Por eso, más allá de los resultados, queda el agradecimiento sincero al alcalde de Neiva, al gobernador del Huila, a la secretaria de Cultura y a la Fundación Tierra de Promisión por tender puentes entre la creación literaria y el respaldo institucional. Gestos como estos no solo dignifican el trabajo de quienes escriben: también siembran, en el tejido cultural de la región, la convicción de que la literatura importa y merece ser celebrada.


© Diario del Huila