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Caminante de historias, doce relatos hallados en el camino

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14.03.2026

Por: Hugo Fernando Cabrera Ochoa

“Vi millones de actos, tanto deleitantes como horribles; ninguno de ellos me sorprendió más que el hecho de que todos ocupaban el mismo punto en el espacio, sin superponerse ni ser transparentes”.

Con este fragmento de El Aleph, del escritor argentino Jorge Luis Borges, abro la antología de cuentos de mi autoría que la editorial Navío Libros lanza al mercado.

Este libro fue escrito mientras trabajaba en la construcción de una novela —inmerso en una temática que puede resultar controversial—. En medio de ese proceso decidí detenerme antes de concluirla y caminar por otros senderos narrativos.

Si algo es absolutamente claro, es que esta antología de cuentos nació sin la intención inicial de convertirse en libro. Ocurrió como cuando uno conoce por casualidad a alguien y, sin proponérselo, esa persona comienza a acercarse hasta que, por coincidencias del destino, se va tejiendo una amistad que nadie esperaba ni había planeado construir.

Los doce cuentos que conforman esta colección surgieron en distintos momentos del recorrido: algunos nacieron como consecuencia del insomnio; otros gracias al maravilloso —y casi sagrado— silencio de la madrugada; algunos más al escuchar o recordar historias ajenas que parecían pedir ser contadas; y otros mientras las acciones humanas mostraban su rostro más duro y, al mismo tiempo, el más luminoso.

No son relatos unidos por el tiempo ni por los personajes, sino por la experiencia humana que los atraviesa. En estas páginas habitan la infancia, la juventud, la violencia, la fe, la música, la culpa, el amor, la imaginación, la pérdida y la esperanza. Son historias que podrían ocurrir en cualquier lugar, pero que inevitablemente conservan el acento del campo, del pueblo, de la carretera y del andar sin prisa.

El caminante que recorre este libro no siempre es el mismo. A veces es un ser humano que descubre el mundo; otras, un hombre cansado que mira hacia atrás; en ocasiones, alguien que simplemente intenta sobrevivir. Todos, sin embargo, avanzan con algo a cuestas: recuerdos, preguntas o silencios que pesan más que los años.

Estos relatos buscan acompañar al lector durante un tramo del camino. Algunos pueden incomodar; otros quizá despierten nostalgia o ternura. Así es la vida: no siempre amable, pero siempre digna de ser contada.

Si al cerrar este libro, luego de leer su última página, el lector siente que ha caminado junto a alguien —aunque sea por un instante—, entonces esta obra habrá cumplido su propósito y yo quedaré satisfecho.


© Diario del Huila