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Los indiferentes

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21.03.2026

Amadeo González Triviño

Podríamos llegar a pensar que la obra del escritor italiano Alberto Moravia “LOS INDIFERENTES” es parte de la trama de este texto, y cualquier parecido, similitud o coincidencia, son solo aspectos de forma y de fondo que nos acercan para mirar en contexto una realidad social y política que vivimos los colombianos.

Hace días, nos anticipamos para pregonar en nuestro texto de opinión advirtiendo que además de los extremos que han polarizado a este país, destacándose extrema derecha, frente a extrema izquierda, existe una franja, que no es la del centro, que no es la de aquellos que en último momento toman una decisión en la toma de postura frente a las elecciones y/o a la participación política colombiana. Esa franja que se suma y se moldea en cada periodo institucional de elecciones, es lo que se llama en gran parte como los abstencionistas, las personas que, conociendo las consecuencias de su deber u obligación de tomar parte en las decisiones de los representantes al poder, se abstienen en el momento de tomar una participación con el voto, por uno u otro candidato.

No me refiero a los que votan en blanco, no me refiero a los que motu proprio, han optado por anular el voto, o aquellos que no marcan un tarjetón, es decir por aquellos que participan del evento político electoral y no eligen candidatos de los que se le ofrecen, por cuanto consideran que ninguno de ellos reúne los requisitos, es idóneo o es la persona más indicada para participar de dicha decisión o de dicha elección y por tanto, se busca la casilla de voto en blanco, para dejar una huella de que se quiere tomar una decisión pero que esos candidatos no dan la talla de la representación que se les debe dar, entre otros. Vienen igualmente aquellos que, en forma por demás irresponsable, o quizá de rebeldía, extremos que se tocan y se chocan entre sí, proceden a anular el voto marcando varios candidatos, o escribiendo monachas o dichos o formas que generan por consiguiente la anulación del voto y por tanto participan así de las elecciones. Y los votos no marcados, hacen parte de aquellos en los cuales el ciudadano al momento de elegir, prefiere guardar silencio y no marcar a ninguno de los candidatos, no vota en blanco y no anula su voto.

Todos esos votos, el blanco, el nulo y el no marcado, son formas de participación y deben ser sumados en forma integral con los votos de aquellos que han elegido o designado a sus representantes, porque todos ellos son representativos de la participación en las urnas y por tanto, son votos válidos, así se haya adoptado criterios que son contrarios a darles su reconocimiento atentando contra la democracia misma y las formas de participación ciudadana.

Pero en medio de todo esto, nos hemos equivocado al considerar que esa no participación en la contienda electoral, que se ha denominado los abstencionistas, hace parte precisamente de quienes toman el control con su omisión al deber social que se debe por y en virtud de la calidad de ciudadanos y de darse las formas de gobierno que consideran válidas para su organización vital, para su entorno social y humano al que pertenece. Muchos de ellos, lo son y lo hacen, por cuanto saben y son consecuentes con las formas de corrupción que campean en la vida pública, y otros, por cuanto, con su indiferencia, pretenden dejar que las cosas pasen o sigan su curso, sin inmiscuirse en las decisiones que siempre les concierne, que siempre le guían y al cual han de someterse tarde o temprano.

Algunos sostienen la exigencia de imponer la obligatoriedad del voto, pero si a dicha obligatoriedad se le sigue manejando el mismo criterio de ahora en hacer distinciones entre votos blancos, nulos o no marcados, lo único que se ganaría sería hacer más graves las formas impositivas de multas por la no participación en las elecciones, fuera de dinamizar o de obtener la participación ciudadana en unos comicios, como sería de esperarse.

Indiferencia o mala fe en dejar que las cosa no se modifiquen o no se proyecten por parte de quienes están siendo llamados a gobernar, es un galimatías que no nos conduce a ningún punto de equilibrio entre lo que se es y lo que se quiere en la racionalidad social por el colombiano de hoy.


© Diario del Huila