Maestrantes obedientes
15 de abril 2026 - 04:00
No hace muchos años que un matrimonio se cruzó por la calle Carlos Cañal con el inolvidable padre Patero, el fraile que ejerció de confesor del cardenal Amigo, con profundo sentido del humor y que ya por entonces andaba delicado de salud. “Usted nos casó hace casi cuarenta años”, recordó en el saludo el hombre que caminaba plácidamente del brazo de su mujer. Y don Tomás Patero lo miró con complicidad y ese punto provocador que nunca perdió: “¿Y tu mujer te obedece tantos años después?”. “¡Padre, por favor, que los tiempos han cambiado mucho!”, terció la señora. Recordaba la anécdota al conocer que el teniente de hermano mayor de la Real Maestranza, don Marcelo Maestre, el hermano del inolvidable Juan, apela a la obligación que tienen sus miembros de guardar obediencia al Rey de España y, por tanto, a él mismo, que ejerce el mando efectivo de la institución. ¡Cáspita, que traigan ya la horchata que me engollipo! Ni en los partidos políticos se habla con tanta claridad como el teniente, dicho a secas, que en Sevilla ya se sabe que es el de la Maestranza. Lo de la obediencia suena al Partido Comunista... de China. Hay instituciones, como hay empresas que deben actualizar ciertos discursos para no quedarse en una suerte de irrisoria cuneta social. Nos hemos quedado “pasmaos”, que diría Alfonso Guerra.
Hay más. Uno consideraba que para ser caballero maestrante había que ser español, católico, descendiente de noble monárquico y, sobre todo, persona, como enseñaban los tenientes de antes, algunos de muy grato recuerdo. Si no se guardaban esos requisitos, te podían echar las bolas negras, como te las pueden echar para ser fiscal, que en la práctica es el cargo del delfín. Puede haber bolas negras para los que quieren ingresar como para los que, estando dentro, quieren promocionar, que entre estos últimos ha habido alguno que se ha llevado hasta un pañuelazo verde. Ahora, al parecer, se valora la persona y su nobleza, sea de sangre o privilegio. ¡Otro cáspita, que se nos ha puesto el Telefunken en blanco y negro! Se obliga también a tener una vida ejemplar, cosa lógica. El Rey, por cierto, está más evolucionado al respecto que la propia Maestranza de Sevilla, pues solo hay que ver los últimos títulos nobiliarios concedidos, entre ellos a la cantante de pop-rock Luz Casal, marquesa de Luz y Paz. Don Felipe ha actualizado el modelo de aristocracia. Y, por cierto, la ejemplaridad exigida para ser caballero maestrante bien podría incluir que los aspirantes no estén implicados de una u otra forma por pleitos millonarios con tronantes ecos mediáticos. La prudencia no ha marcado algunos de los últimos recibimientos. Hubiera sido urgente esperar, como sería obligado reinterpretar cierto estilo para evitar que una institución nacida en 1670 se quede ajada. En el Ateneo hay más filtros para ser Mago de la Fantasía que en la Maestranza para ser nuevo caballero. Debe ser cosa de la obediencia debida. Podríamos preguntar a don Marcelo lo que el padre Patero a aquel señor: “¿Y los maestrantes te obedecen?”.
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