menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

La magia de la acuarela

9 0
23.03.2026

23 de marzo 2026 - 03:08

Días pasados se presentó en el Colegio de Notarios el libro Apuntes de Semana Santa de Sevilla 2015-2025, obra del arquitecto Alfonso Rodríguez Márquez, que muestran una mirada atenta y precisa de nuestra fiesta mayor, captada con pasión. Conocí a Alfonso hace ya años, cuando colaboraba en mi estudio aportando su saber hacer en los proyectos que realizábamos. Y mantiene su nervio, espontaneidad y autenticidad. La obra recoge una colección de dibujos, acuarelas y tintas aguadas realizadas con la honestidad del dibujo rápido. Porque los dibujos a la acuarela y en la calle, a pulso en tus manos el cuaderno, los pigmentos y los pinceles, tienen algo vivo. No hay tiempo para corregir ni para dudar demasiado: la luz cambia, la procesión pasa, el momento se escapa. Y justo ahí aparece su fuerza. Un trazo húmedo puede sugerir una fachada; una mancha suelta puede capturar una multitud. No se trata de detallar, sino de atrapar la atmósfera, el color, el movimiento, la sensación del lugar. No es solamente ver, es aprender a observar de verdad. Un balcón, la procesión avanzando y la mirada y la mano listas y preparadas. La inmediatez da autenticidad. Lo efímero se convierte en duradero en la mano del dibujante, un registro del encuentro entre el artista y la ciudad. La magia de la acuarela está en su capacidad de ser impredecible y delicada al mismo tiempo. Es una técnica donde el agua se convierte en parte activa de la obra, guiando los pigmentos con formas que a menudo sorprenden al artista. Tiene algo de poesía visual. Las manchas y las trazas del agua dejan espacio a la imaginación del espectador. Y el papel, el blanco del papel, aporta la luz que todo dibujo necesita.

El autor nos regala una colección de obras para detenerse en ellas, para liberar en nosotros la energía concentrada del instante dibujado. Y en sus palabras y en sus obras nos invita a todos y en especial a sus compañeros arquitectos a que no dejemos nunca de dibujar. A decidir qué importa, qué se subraya y qué se deja fuera. La verdad del dibujo no está en que sea perfecto, sino en que sea honesto. Es aceptar el proceso tal como es. No ocultar los errores, sino entenderlos. No forzar la imagen, sino acompañarla. Hay una especie de conexión entre la mano, el ojo y el papel, donde la verdad surge cuando dejas de imponer y empiezas a dejar que el pulso vivo dibuje. El libro de Alfonso además es oportuno. En momentos en que las procesiones y la muchedumbre casi nos oprimen, haciendo que dudemos entre los momentos de placer y sentimientos y el rechazo a la masa indiscriminada, las acuarelas que nos muestra el autor nos hacen pensar en el privilegio que tenemos los que hemos entrenado la mirada y la mano. No solo podemos salir a la calle a ver procesiones, las podemos dibujar y rescatar así, en lo más íntimo, momentos que creíamos perdidos.

También te puede interesar

Carlos Navarro Antolín

Los mil amigos de Mario López Magdaleno

El salón de los espejos

¿Para quién trabaja Puente?

Alberto González Troyano

“El aikido es una disciplina ideal contra el acoso escolar”

Presentado el «Libro Blanco del Transporte Sanitario 2026-2030»

"Me gusta la palabra pueblo, Alcalá es una gran ciudad con alma de pueblo"


© Diario de Sevilla