El mayor enemigo del Alzheimer no puede ser la burocracia
Hay enfermedades que matan. Y hay enfermedades que, antes de matar, te arrebatan la vida poco a poco. El Alzheimer pertenece a estas últimas. No solo destruye la memoria de quien lo padece; también rompe a las familias, consume a los cuidadores y deja una herida que nunca termina de cicatrizar.
Lo sé porque lo he vivido. Vi cómo mi madre, con apenas 60 años, dejaba de reconocer a quienes más quería. Vi cómo la enfermedad le robaba sus recuerdos, su identidad y su dignidad. Falleció cuatro años después. Durante ese tiempo no solo sufrió ella; sufrimos todos los que la acompañamos impotentes mientras desaparecía en vida.
Por eso resulta tan difícil comprender que, cuando por fin aparecen tratamientos capaces de retrasar el avance de esta enfermedad en determinados pacientes, el debate no sea cómo facilitar su acceso, sino cómo retrasarlo aún más. Es evidente........
