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"Cada mañana y cada tarde mi hijo baja a casa del abuelo, su surtidor particular de azadas, hacha, martillo y clavos, y yo finjo escandalizarme, pero no puedo disimular la sonrisa"

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13.08.2026

Hubo un tiempo en el que yo también fui joven y lo tenía todo: familia, amigos, un pueblo y un verano eterno por descubrir. Fue una época, entre los 8 y los 14 años, en la que el súmmum de la felicidad era jugar a la guerra con pistolas de plástico, bañarme en la piscina, despellejarme las rodillas con el patinete y dar patadas al balón agarrado a un bocata de chorizo. A veces, todo en el mismo día. Siempre en la calle y rodeado de risas compartidas. Por supuesto, también había tiempo para devorar a Tintín, partirse de risa leyendo El pequeño Nicolás o........

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