A mí tampoco me gusta mi cuello, pero no hace falta que me lo recuerdes
Opinión | la suerte de besar
A mí tampoco me gusta mi cuello, pero no hace falta que me lo recuerdes
A mí tampoco me gusta mi cuello, pero no hace falta que me lo recuerdes / Ingimage
Nora Ephron sentenció hace tiempo que no le gustaba su cuello. Ni a ella ni a sus amigas que, siempre que quedaban, iban ataviadas con jerséis de cuello vuelto, fulares o camisas tipo mao. La idea era disimular papadas y desparrames. Contaba Ephron que la mentira es piadosa y que no vale pronunciarse o asentir ante expresiones como: «Noto que me he hecho mayor porque mi cuello parece el gaznate de un pavo real». Silencio, callar, cerrar los labios, en boca cerrada no entran moscas: un divino tesoro.
Me dieron la enhorabuena por mi tercer embarazo el día que se me ocurrió ponerme un vestido con el que creía (ah, inocente de mí) estar monísima. Un trapito negro con botones desde el escote hasta las rodillas con el que me sentía profundamente femenina y sutil. Era de estética Laura Ashley, sin florecillas y sobrio. Acababa de dejar a mis hijos en el cole y una madre me miró la barriga y, acto seguido, me felicitó acariciando mi ombligo. En cuanto llegué a casa, tiré el vestidito en cuestión a la basura y comencé el régimen. Nunca........
