No todo desaparece
Lola Herrera en 'Lo de Évole' / laSexta
No entiendo la vida sin cuidados. Eso hace que a veces me preocupe quizás en exceso por asuntos cuya solución no depende de mí, yo no puedo arreglarlos, pero aun así lo intento, trato de llegar hasta donde sé que no alcanzo. Vivo en un estado de alerta y preocupación permanentes. Siempre ha de haber algo inquietándome, rondándome en la cabeza, latente, como el virus que cada cierto tiempo se manifiesta en forma de un molesto herpes labial, síntoma, por otra parte, de que soy cuidadora, pero no me cuido, e incluso encuentro una cierta satisfacción en mi propio sufrimiento, físico o anímico.
Puede que algo tenga que ver la herencia judeocristiana con la que todos los que hemos sido educados en la cultura occidental cargamos, seamos o no creyentes, pues el ateísmo nada puede hacer frente a ese legado envenenado con el que se siguen justificando guerras en un mundo en el que creíamos, ilusos, que ya no existían y resulta que la fuerza vuelve a ser el principal argumento del desorden internacional. Pero también se debe a que llevo más de treinta años ejerciendo ese papel, el de cuidadora, un rol que adopté sin saber que lo hacía, fue........
