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El tejido del alma: Volver a la calma en la intemperie | Por: José Luis Colmenares Carías

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09.07.2026

Las ondas no se apagan cuando la tierra deja de sacudirse. Al igual que el eco de un grito, el sismo reverberó con fuerza el pasado 24 de junio y sigue vibrando en el cuerpo y en las conversaciones cotidianas.

Tras ese quiebre inicial, donde reconocimos la fragilidad de nuestras estructuras materiales y existenciales, entramos en una etapa distinta. El desafío hoy se orienta cómo transitar la incertidumbre para rescatar y labrar una nueva cotidianidad; un proceso que nos exige dar paso, a nuestro propio ritmo, al procesamiento del impacto para adentrarnos en la geografía más compleja del alma: el duelo y la asimilación del acontecimiento.

Hoy, esa calma aparente coexiste con la rabia, la ira y una profunda frustración. Fenomenológicamente, esto se traduce en una experiencia viva: el pecho apretado al recordar el crujido de las paredes, la respiración contenida ante cualquier ruido imprevisto o el nudo en la garganta que se mezcla con el dolor por las pérdidas. Es un oleaje donde el vacío que queda en el alma convive con el llanto contenido por el ser que no fue encontrado, recordándonos que el cuerpo experimenta el quiebre mucho antes de que la mente pueda explicarlo.

Frente a este escenario, las redes de apoyo y el valioso acompañamiento de quienes, desde sus esfuerzos profesionales, nos contienen, nos recuerdan que recuperar el equilibrio no es sinónimo de amnesia. Volver a la calma no significa olvidar lo vivido; consiste en construir, de forma........

© Diario de Los Andes