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El patrimonio industrial minero. Mucho que aportar al futuro de León

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24.03.2026

Creado: 24.03.2026 | 06:00

Actualizado: 24.03.2026 | 06:00

Museo de Siderurgia y Minería de Castilla y León

Patrimonio industrial

El 3 de febrero de 1906 la nieve había caído de forma abundante durante la noche, cubriendo los alrededores de la ermita de San Blas en Sabero. Pero no fue impedimento para que varios jóvenes sacasen en procesión al santo, con su cuelga de rosquillas y naranjas, y unas docenas de vecinos les siguieran entonando su himno.

Ninguno sabía que, a primera hora de la tarde, en León, nacería un nuevo periódico, el Diario de León, que daría cuenta diaria de todos los acontecimientos de la provincia, entre ellos los sucedidos en ese remoto valle de la montaña leonesa.

A los pies de la ermita se erguían los restos de la Ferrería de San Blas, la primera industria siderúrgica moderna de España, que, tras unos años de intensa actividad, entre 1847 y 1862, había apagado sus dos hornos altos y con ellos el sueño de una gran industria del hierro en la provincia.

Diario de León no pudo ser testigo de este nacimiento y este final, pero si de la historia minera del carbón que vino despues y que sembró la Cuenca de Sabero y todas las demás de la provincia de vida y grandes instalaciones vinculadas a la actividad minera.

El 14 de diciembre de 1991 en el Diario de León, el añorado Cachafeiro titulaba «Yo fui minero», con fotografía de Cesar, y daba cuenta del fin de la minería en la Cuenca de Sabero el día antes.

No muchos años despues, esos titulares y artículos se repetían certificando el cierre del sector en la Cuenca de Ciñera Matallana, la Cuenca de Fabero-Sil y las Cuencas del Bierzo.

Un final abrupto, no entendido, injusto, que dejó a amplias zonas de León sin su principal modo de vida y lo que es peor, sin su forma de vivir, sin su identidad. Un final que olvidó el esfuerzo de estos territorios para mantener al país durante décadas y que no reconoció el sacrificio y la dignidad de sus gentes.

Un cierre que tampoco se preocupó de los lugares que aún guardaban tanta historia: los elegantes castilletes, los imponentes lavaderos, los ferrocarriles mineros que surcaban el territorio…

El 3 de julio de 2008 la portada del Diario de León informaba de la apertura por parte de la Junta de Castilla y León del Museo de la Siderurgia y la Minería de Castilla y León, en aquellas viejas instalaciones de la Ferrería de San Blas, a las que Hulleras de Sabero había salvado de la ruina a principios del siglo XX dándole nuevos usos.

Su recuperación, previa declaración como Bien de Interés Cultural, supuso el renacer de uno de los elementos del patrimonio industrial mas importantes de Europa y señaló el camino a seguir para otros símbolos de la minería.

Dieciocho años despues, el 10 de marzo de 2026, el periódico decano anunciaba una inversión de dos millones de euros por parte de la Junta de Castilla y León para poner en valor otra parte de la ferrería, la zona de lo hornos altos. El patrimonio industrial de nuevo protagonista de una buena noticia.

Un patrimonio, especialmente vinculado con la actividad minera en el norte de León, que, por su poca antigüedad, su vinculación con un trabajo duro y sacrificado y su asociación a un final traumático no había tenido toda la atención que merecía. Incluso elementos fundamentales de este paisaje industrial, como las centrales térmicas de La Robla o Anllares, o algunos castilletes de la cuenca Ciñera— Matallana, ya han desaparecido.

Sin embargo, junto al ejemplo de la Ferreria de San Blas, existen otras iniciativas extraordinarias, algunas en funcionamiento, como la Mina Escuela de La Robla, la Mina del Oro de Torre del Bierzo, el Pozo Julia de Fabero o la Térmica de MSP en Ponferrada y otras no muy lejos de ver la luz, como la apertura del Pozo María y La Mina en Vivo en Villablino, el ferrocarril Ponferrada-Villablino en El Bierzo, u otros proyectos en La Pola de Gordón.

Todas ellas vienen a cerrar en parte la herida abierta en las cuencas en términos de memoria e identidad y suponen una ayuda en la recuperación económica y social de estos territorios. Al empleo directo generado en la rehabilitación de estos espacios mineros y su posterior gestión, se suma el indirecto vinculado al sector servicios, fruto de los miles de visitantes que atraen cada año.

No menos importante es la actividad cultural y social que promueven estos centros, que hoy en día, junto a los servicios educativos y sanitarios, es clave para que la población decida quedarse en el entorno rural o desplazarse a vivir en él.

El camino está abierto, y en los próximos años el turismo industrial, asentado desde hace tiempo en Europa, debe ser parte fundamental de la actividad económica de la provincia.

Para ello hay que seguir apostando por la recuperación de los principales elementos mineros que aún no han sido objeto de intervención, dotarlos de nuevos usos, no necesariamente vinculados al museístico, promocionarlos y darles una gestión, sino conjunta, al menos lo mas coordinada posible.

Ojalá el 3 de febrero del año 2036 el Diario de León abra su portada con el titular «La provincia de León referente europeo en turismo industrial».


© Diario de León