¿Es León una ciudad amable con las personas que envejecemos?
Creado: 14.04.2026 | 06:00
Actualizado: 14.04.2026 | 06:00
Hace pocos días, mi profesora de música en el Instituto Juan de la Encina y en el Conservatorio, Isaura Martin Granizo, cumplió 109 años. Conserva energía, interés y valora mucho la red que mantiene a una edad tan avanzada como la suya en la que su mundo cotidiano y sus referentes familiares y coetáneos ya no están.
León y su provincia cuentan con unos 380 centenarios, el doble que hace una década. De ellos, 304 son mujeres… La mayoría vive en la capital, algunas en centros residenciales de personas mayores y, las demás, en su casa con algún familiar o una profesional que les apoya y cuida. Suelen conservar buena capacidad cognitiva. El deterioro cognitivo —la demencia— acaba con la vida de las personas bastante antes.
Es evidente que esta es una provincia muy longeva, pero a pesar de la amplia investigación disponible en torno a sus causas, nos seguimos haciendo preguntas sobre porqué vivimos tantos años en algunas zonas geográficas y en otras no tanto. Las denominadas zonas azules del mundo son aquellas en las que hay mayor concentración de centenarios: Cerdeña en Italia, Icaria en Grecia, Okinawa en Japón, Loma Linda en California y Nicoya en Costa Rica. Posiblemente Orense y León se incorporarán a estos territorios en breve. En todo caso tenemos la absoluta certeza de que España es uno de los países más longevos del mundo: las mujeres con una esperanza de vida que supera los 86 años y los hombres 81. Cumplir 65 años aumenta significativamente esta esperanza de vida.
Las causas de este modelo de envejecimiento con altos niveles de bienestar subjetivo y objetivo son conocidas, pero creo que no suficientemente valoradas: la combinación entre pensiones públicas, apoyo familiar, servicios sociales y un sistema sanitario público, universal y gratuito, constituyen los cimientos sólidos de esta larga vida que disfrutamos. Es un tesoro que deberíamos cuidar, mimar y proteger con la máxima determinación.
Pero existen otros factores que se sitúan entre las razones fundamentales y se resumen en el conocido como modelo de vida mediterráneo: no se trata solo de la dieta, sino de una forma de vivir que incorpora actividad física cotidiana, relaciones sociales frecuentes, contacto con y en espacios públicos, un ritmo de vida más equilibrado y —por qué no reconocerlo— rutinario cuando envejecemos. La sociabilidad, el uso activo de espacios públicos (calles, plazas, barrios, etc.) y la importancia que se da a la convivencia y a «vivir hacia afuera» son factores que fortalecen la salud tanto física como mental. Esta cultura comunitaria cotidiana, difícilmente cuantificable pero profundamente arraigada, es un componente clave del éxito español en longevidad. Preservarla también es imprescindible
Pero hay más. En los últimos tiempos, aparece otro concepto, «las ganas de vivir» que ha trascendido su espacio en las tradicionales charlas de café a la investigación del más alto nivel. Resulta que disponemos de evidencia científica sobre este concepto y su impacto en el bienestar de las personas que envejecemos asociándose a dimensiones como el optimismo, la resiliencia, la percepción de una vida con sentido, las fortalezas personales, la gratitud y el bienestar psicológico.
Quizás lo más importante es que las ganas de vivir están caracterizadas por una menor internalización de estereotipos negativos hacia la edad (edadismo), la gran lacra de nuestra sociedad. Mayor optimismo, felicidad y mantenimiento de un perfil psicológico positivo que favorece la motivación, autocuidado y participación en actividades saludables son aspectos muy relevantes de este constructo.
Pero estas condiciones no vienen solas. Hoy, más que nunca, necesitan voluntad política, social, ciudadana, viviendas adecuadas, inversión en diseño urbano, limpieza, zonas verdes que nos protejan del calor extremo y accesibilidad universal que nos permitan a todos los ciudadanos movernos con seguridad, participar en la vida social, asumir compromisos con nuestra ciudad o nuestro pueblo, desarrollar el deseado sentimiento de pertenencia, por no llamarlo orgullo de formar parte de una sociedad determinada, ciudad, pueblo, barrio, asociación… en cualquier momento de nuestra vida, aun con una tonelada de años vividos. En definitiva, una sociedad que nos cuida y que nosotros cuidamos con mimo.
Cumplir 65 años en 2026 supone la iniciación de un proyecto de vida que fácilmente puede dilatarse 25 ó 30 años más en los que la aportación de casi un tercio de la población de León implica responsabilidades que va a asumir con gusto, con ganas de vivir si su entorno cercano se lo permite, se lo reconoce, se lo pide. En definitiva, si se siente útil y —como ya hemos comentado— su vida tiene sentido. Una comunidad longeva como la leonesa, no debe vivir este éxito social con sentimiento de culpa y percepción de carga para la sociedad, sino como una oportunidad para generar bienestar en el entorno en el que vive. Las personas mayores transfieren cuidados de todo tipo, financieros, personales, tiempo… son generadoras de bienestar.
León forma parte de la Red de Territorios y Ciudades Amigables con la edad promovida por la Organización Mundial de la Salud (OMS), que este año cumple 20 años y celebra su 3er Congreso Mundial en junio en San Sebastián. Es una buena ocasión para visibilizar todo lo que la provincia y la capital están haciendo para garantizar una buena vida cuando envejecemos. Con ganas de vivir y compromiso con nuestra tierra y sus gentes.
Una ciudad amable es futuro, es bienestar, tranquilidad y disfrute para todas las personas que la habitan, no solo para las más mayores. Todo un reto y un orgullo que la ciudad donde nací está consiguiendo cada día.
