Objetivo: ganar la guerra informativa
Creado: 14.04.2026 | 06:00
Actualizado: 14.04.2026 | 06:00
Lo malo de esta gran guerra maldita, cada vez más generalizada, (primero era Ucrania, luego el exterminio de Gaza, le siguió Irán y ahora el Líbano) es que se no solo se libra sobre ciudades convertidas en campos de batalla, además de en el mar y el aire, sino también en los medios de comunicación. Perderla en el frente en el que se emplean armas sería gravísimo humana, económica y territorialmente; sucumbir en los periódicos, radios, televisiones y redes sociales resultaría letal.
Donald Trump lo tiene muy claro y Benjamín Netanyahu también. Cuando The Economist, una de las publicaciones liberales más prestigiosas, proclama en portada que «Trump es el perdedor de esta guerra», el mandatario se estremece. Tiene otros frentes abiertos como el de la inflación, que sube en Estados Unidos; un año después de imponer aranceles a medio mundo, se comprueba que eso solo ha servido de momento para que el mercado americano pague más. Y por supuesto el de las bolsas, que viven una montaña rusa según los acontecimientos del conflicto y de las intempestivas declaraciones que ofrece casi a diario. Trump sería por el momento el perdedor de la guerra porque su crédito baja y arrastra en parte a Estados Unidos, mientras se incrementa el de su máximo competidor, China. Atentos al juego diplomático sigiloso pero eficaz del gigante asiático. Ahora recibe a Pedro Sánchez como líder del «no a la guerra».
Estamos a menos de siete meses de las importantísimas «elecciones legislativas intermedias» en Estados Unidos en las que Trump podría perder la mayoría en el Senado y Congreso. «Eso siempre que haya elecciones en noviembre», expresó su duda razonable Josep Borrell en Next Educación hace tres semanas. Bastaría el impulso de una campaña mediática de cobertura para una decisión tan grave como ésta alegando, por ejemplo, que con una guerra abierta se dan circunstancias excepcionales para suspender los comicios. Trump lo consideraría seriamente. Lo que menos le gusta es perder y las encuestas no le garantizan hoy la victoria. No basta con el éxito de la misión espacial a la cara oculta de la Luna.
Perder la guerra con Irán sería muy grave pero, al fin y al cabo, desde 1945 los americanos las han perdido todas; en Corea, Vietnam, en Oriente Medio y en Afganistán. Pero perder en los titulares sería sangrante; de ahí el esfuerzo titánico por ganar el relato de los acontecimientos. Trump pareció haber entrado en el conflicto —después de prometer a sus más fieles seguidores que no lo haría— arrastrado por Netanyahu, que aparecía como el verdadero comandante en jefe. Esa pérdida de liderazgo le costó puntos ante los suyos. Del mismo modo, cuando Trump anunció una tregua con Irán, aunque frágil, la oposición israelí saltó sobre su Primer Ministro por entender que ya no estaba en la dirección del conflicto. Por si acaso, Netanyahu ha abierto otros frentes y el martirio del sur del Líbano es cada vez más parecido al de Gaza.
Por esa concatenación de batallas, las sangrientas y las mediáticas, no habrá parón hasta que la foto final, aunque sea de etapa, resulte favorable. Enfrente está Irán con una resistencia inusitada ante los bombardeos y también con capacidad para reponer su dirigencia, por más que los israelíes liquiden físicamente a sus máximos mandatarios. Pero también buscando el titular de la victoria, aunque el país quede arrasado. Solo está segura la derrota de su población.
