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El envejecimiento en la sociedad distópica del futuro

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26.03.2026

Creado: 26.03.2026 | 06:00

Actualizado: 26.03.2026 | 10:37

Alcanzar 120 años no es una tarea fácil, no lo es para el ser humano, cuyo máximo representante ha vivido 122 años, ni lo es para los medios de comunicación, en un mundo con tanta incertidumbre. Por ello, enhorabuena al Diario de León en este 120 aniversario y felicidades por saber recoger y transmitir las necesidades de los ciudadanos, de la sociedad y contribuir a hacer de las tierras leonesas un entorno dueño de su futuro.

Los humanos, desde nuestros orígenes, hemos tenido la tentación constante de luchar para vivir más y mejor, y donde la inmortalidad constituye una de las búsquedas permanentes de la humanidad. Y así está presente en muchas de las tradiciones vinculadas a las religiones: en la tradición judeocristiana, por ejemplo, está ligada a la posibilidad de beber del Santo Grial. Sin embargo, no faltan críticas a la inmortalidad: para Borges, la inmortalidad es una idea indeseable y propone en El Inmortal la necesidad de la muerte para que las acciones humanas tengan sentido.

El envejecimiento es una certeza desagradable que ha provocado muchas veces en el ser humano impotencia y angustia. Pero está en la naturaleza misma de las especies vivas —y no tan vivas— del planeta: hasta los metales sufren fatiga, un proceso de desgaste muy relacionado con el envejecimiento. Parece que Jaime Gil de Biedma no erraba al afirmar que «envejecer, morir, es el único argumento de la obra». Y creo que fue L. Da Vinci quien dijo «toda obra terminada es una gran angustia, una gran mentira» y la vida es consustancial con la muerte.

En la actualidad el estudio del envejecimiento constituye una de las áreas de mayor interés en biomedicina. Y lo es, porque el envejecimiento es el mayor factor de riesgo de gran parte de las enfermedades responsables de la mortalidad en el presente: cáncer, enfermedades cardiovasculares, degenerativas o metabólicas. Sin embargo, no existen datos contundentes sobre la definición del envejecimiento, ni de los mecanismos implicados, ni existen en humanos tratamientos efectivos para prevenirlo, retrasarlo o revertirlo.

Sin embargo, se han producido avances extraordinarios. Así, a principios del siglo XX, la esperanza de vida se situaba en torno a los 40 años y sólo uno de cada veinte españoles sobrepasaba la barrera de los 65; la mortalidad infantil y las infecciones eran entonces una de las principales causas de mortalidad. En tan solo un siglo, la esperanza de vida se ha duplicado, superando en España ampliamente los 80 años. La ciencia y en particular las vacunas y los antibióticos han tenido mucho que ver en ello.

El cáncer, al igual que otras muchas enfermedades si se diagnostican adecuadamente se curan. Pero con la edad se va produciendo un deterioro de los órganos, de los tejidos, de los músculos y la biomedicina busca solución a ese deterioro, y una alternativa, en analogía con la revolución industrial, es su sustitución por otros nuevos. Los trasplantes constituyen la mejor evidencia de ese éxito y en España somos lideres mundiales de su uso. Desgraciadamente la limitación de órganos donantes impide dar respuesta a todos los necesitados.

Y la ciencia busca respuesta a esa necesidad. Así, es posible, a partir de células madre embrionarias generar en cultivos in vitro miniórganos, como minihígados, miniintestinos o minirriñones funcionales, que responden a los estímulos adecuados y cumplen las funciones que ejecutan en los seres vivos. Además, el conocimiento profundo de áreas más allá de la fisiología y la medicina y que incluyen la mecánica, la electrónica, las tecnologías de las comunicaciones, de los nanomateriales, de la física, bajo el paraguas de la inteligencia artificial, han permitido el empleo de elementos mecánicos o electrónicos, que hagan posible una larga existencia. Convivimos con personas (ciborgs) que hacen uso de estas prótesis como manos electrónicas con sensibilidad al tacto y con motilidad a las órdenes del cerebro.

La alternativa a envejecer o a prevenir el envejecimiento es permanecer jóvenes. Ya lo dijo Goethe: «Debemos cambiar, renovarnos, rejuvenecer continuamente. En caso contrario, nos volvemos inflexibles». Es esta una reflexión válida para cualquier avance social, económico, político o científico. Nos permite entender cuánto necesitamos a la juventud, cuánto debemos vigilar el envejecimiento, para regenerar permanentemente nuestro tejido ciudadano, investigador y creativo. Pero la juventud por sí sola no es garantía de éxito ni de progreso. No faltan palabras críticas: Así, Max Planck padre de la física cuántica, menciona «las innovaciones raramente se abren paso convenciendo gradualmente a sus oponentes. Lo que ocurre es que «sus oponentes se van muriendo y la siguiente generación viene ya familiarizada desde el principio con las nuevas ideas». En un mundo de inmortales es difícil visualizar como progresaría el conocimiento y las nuevas ideas y paradigmas científicos.

Con esta perspectiva es difícil de predecir como será el futuro en esta sociedad distópica. Decía Niels Bohr «hacer previsiones es muy difícil. Imposible cuando es acerca del futuro», pero es ese futuro el que más nos interesa porque como decía Woody Allen «es donde más tiempo vamos a estar». Sin embargo, el cómo será ese futuro, tan dependiente de la evolución de los intereses geopolíticos, de los gobernantes, del avance de la inteligencia artificial y del avance científico, es tan difícil de predecir como de adivinar el comportamiento de los mercados.


© Diario de León