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El programa perpetuo

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04.03.2026

Creado: 04.03.2026 | 06:00

Actualizado: 04.03.2026 | 06:00

Aquí, en León, casi nunca tomamos como una forma de intoxicación el pesimismo. Lo tenemos tan interiorizado que casi piensa uno que forma parte de nuestro temperamento. Pero, en cambio, al optimismo siempre. Es anunciarse cualquier buena nueva e ipso facto salta el diferencial: nos han engañado tantas veces que nuestra tolerancia es mínima. Diríase que aguantamos mejor el dolor de la decepción que la alegría de la esperanza. Hemos desarrollado a base de palos un carácter introvertido y reservón, con un umbral de ilusión altísimo. Algunas de las pocas cosas que últimamente han tocado algo la fibra sensible del pueblo leonés cabe calificarlas como estratosféricas: un par de rapaces seleccionados para astronautas por el espacio exterior y el descubrimiento de que teníamos en el desván el Santo Grial, la auténtica copa por la que bebió en la última cena Cristo. De seguir así, lo próximo que nos emocione un poco tendrá que ser una nave marciana aterrizando sobre el león que alza el rabo que, según el ayuntamiento, es un juego infantil y no un helipuerto cósmico. Eso, o directamente el unicornio (y no el de la autonomía propia, sino el auténtico).

Esa renuncia al optimismo, su condición de tóxico o mal visto entre nosotros, se debe a que somos una sociedad que se ha vuelto escéptica. No sin que falten razones, porque los trenes del futuro aquí nunca se detienen, si es que pasan. Aunque, también hay que decirlo, hay una tribu que resiste ahora y siempre al invasor desaliento reinante: los políticos, que no se apean del machito de sus fantasías de felicidad con las que engalgar a los presuntos votantes. Dice uno fantasías por decir algo, porque poca imaginación les es precisa: tienen un programa perpetuo, o al menos sempiterno, en el cual las promesas se repiten en todos los comicios porque son tan pocas las que se concretan que uno no sabe ni para que imprimen folletos nuevos.

Llega al despacho de cualquier ministerio un alcalde de esta provincia a rogar unas migajas de lo suyo porque se acercan elecciones y no tiene ni que sacar los apuntes: es el subsecretario eficiente el que le recita el listado de peticiones que trae. Y en el mismo orden de prioridad que en la última visita. Y quien dice ministerio, dice consejería. Y adiós, amigo, hasta la próxima.


© Diario de León