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Cuélgalo

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22.02.2026

Creado: 22.02.2026 | 09:14

Actualizado: 22.02.2026 | 09:14

No aparten la vista. El vídeo revela más de la sociedad que lo engendra que de los chavales que lo protagonizan. Corre por las redes y los grupos de whatsapp. Lo grabaron ellos mismos y lo colgaron. Es más, lo grabaron para colgarlo. Incluso hay dos, por si el primero había quedado borroso o no se oía bien. El argumento no varía. Sucede aquí en León. Se ve a un guaje con la capucha de la cazadora blanca calada, aunque se le distingue la cara, que saca una navaja y se la muestra a otro que la mira acobardado desde el banco en el que aguarda sentado. «Si te arrodillas y me besas los zapatos no te hago nada. ¿Prefieres que te pegue una puñalada?», alardea, por vacilar, mientras el otro crío intenta llamar a su madre por teléfono. Fuera de cámara se oye a la chica que lo registra con su móvil y a los amigos que se ríen de la víctima: un niño de 15 años con trastorno del espectro autista. La broma —vaya risas, eh— sólo la entienden ellos.

Los vídeos no se quedan en la prueba de cargo de la Fiscalía. La grabación colgada delata la necesidad de exhibir la gesta porque aquello que no se expone en pantalla para público escrutinio no existe. El espejo refleja la imagen que se quiere dar. En el anverso queda el trastorno de una sociedad que hace ostentación de la banalidad del mal, que carece del hábito de pensar porque lo hacen por ella los algoritmos, como han aprendido los jóvenes asomados a esas ventanas abiertas que no se tapiarán con la prohibición de acceso, sino que necesitan una mejora de la educación digital desde la base: una estrategia que empiece por enseñar a los padres para que puedan poner los límites. Sin esta actitud crítica, que cuestione lo que ve, nos abandonamos a una realidad en la que «nos creemos todo y todo el mundo quiere ser influido, por eso hay tantos influencers», como resume el filósofo José Antonio Marina. En ese ecosistema, se imitan retos como los que la policía alerta de que han llegado a León: el del pétalo, en el que los chavales se hacen cortes en forma de flor en el antebrazo, o el del paracetamol, que pasa por ingerir 10 gramos y esperar a que gane quien más tiempo pase ingresado. Luego lo cuelgan para negocio de los dueños del torno. Esos guajes del vídeo son un síntoma. La enfermedad viaja en las redes. Atrévanse a mirar dentro.


© Diario de León