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Jerez, 1902: homenaje a José Lon y Albareda (I)

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08.04.2026

08 de abril 2026 - 05:37

La intrahistoria local siempre será traslúcida, porque deja pasar a través de sí la realidad de los hechos. Las costumbres, las usanzas, los hábitos, la mentalidad, las condiciones, económicas, el pálpito de la privacidad, la res pública, el municipium, los nombres propios… A veces la focalización de un único acontecimiento dibuja -a grandes trazos o con minuciosidad descriptiva- la panorámica general, casi a vista de pájaro, de la sociedad de la época. Ningún dato salta a la comba sobre sus propios talones. Jerez, hoy, accede sin pase VIP al espacio vital de principios del siglo XX. Adentrémonos en el año 1902. Una patina color sepia se derrama ahora sobre esta columna periodística. Y lo antiguo no necesariamente calza con lo viejo. La idiosincrasia de una ciudad, verbigracia, suele mantenerse intacta pese a la velocidad de crucero que alcanza el paso de los años (con nombre de correcaminos). Tempus fugit, carpe diem, negro sobre blanco…

Martes 2 de septiembre del referido año 1902. durante la tarde, y en el parque de Tempul —un espacio entonces prestigiado por su amplitud y por constituirse como escenario habitual de actos sociales de cierta relevancia- se desarrolló un encuentro con categoría de fasto. No se trataba, por ende, de una celebración cualquiera, sino de un homenaje cuidadosamente organizado por los contadores y depositarios municipales de toda la provincia. El motivo: rendir tributo a José Lon y Albareda, jefe de la Sección de Administración Local del Ministerio de la Gobernación, figura respetada por su competencia técnica y su influencia en la articulación administrativa del territorio. La (protagónica) comitiva llegó desde Cádiz. En efecto: el tren de la una trajo consigo a la delegación gaditana. Además del propio Lon y Albareda, viajaban: Fernando del Castillo, contador de la Diputación Provincial; Fernando García de Arboleya, depositario; Manuel Roca, contador del Ayuntamiento de Cádiz; Francisco Jiménez, oficial mayor de la Contaduría Provincial y José Cano Benítez, secretario de la Diputación.

A decir verdad, la presencia conjunta de estos cargos subrayaba la importancia del homenaje: no era solo un gesto de cortesía, sino una demostración explícita de cohesión institucional. Representación de los municipios de la provincia: desde San Fernando llegó Antonio Muñoz Fernández, contador municipal; asimismo desde Puerto Real viajaron Manuel Márquez, contador, y Antonio Terry, depositario; del Puerto de Santa María acudió Francisco Fernández Cumbreras, depositario; de Alcalá de los Gazules asistió José Pacheco, contador… Y partieron de Sanlúcar de Barrameda, en el primer tren del día, Rafael Cruz, depositario, y José Murgui, contador.

Otro apunte nunca al sesgo: la variedad de procedencias mostraba un mapa administrativo vivo, articulado y en comunicación constante, donde los responsables de la hacienda local se desplazaban para reforzar lazos y reconocer la labor de quien, desde Madrid, coordinaba buena parte de su trabajo. Como no podía ser menos -a fin de cuentas, hablamos del cuarto poder- la prensa también estuvo presente: entre los periodistas concurrentes figuraba Pablo Sánchez de Enciso, enviado en representación de ‘La Provincia Gaditana’ y de ‘Diario de Cádiz’. Su presencia garantizaba que el acto no quedara circunscrito al ámbito interno de la administración, sino que tendría eco público. No todos los contadores y depositarios de la provincia pudieron desplazarse, pero muchos enviaron telegramas o cartas expresando su adhesión al homenajeado. A no dudarlo, Lon y Albareda era una figura ampliamente respetada, incluso entre quienes no podían estar físicamente presentes.

Para la recepción en la estación, a la altura del andén estaban el contador del municipio anfitrión Baldomero Rubio y el depositario señor García Argumedo. Ambos actuaban como anfitriones locales y a su vez encargados de recibir a la comitiva y, acto seguido, conducirla hacia el parque donde tendría lugar el banquete. Tras la llegada de la comitiva y los saludos iniciales en la estación, el grupo de contadores, depositarios, secretarios y demás funcionarios municipales se dirigió, cerca de las dos de la tarde, hacia el parque de Tempul. El lugar, célebre por sus jardines frondosos y sus sombras frescas, ofrecía un escenario ideal para un acto de consideración de semejante naturaleza. Antes de sentarse a la mesa, los asistentes recorrieron los senderos del parque. Los visitantes -procedentes de Cádiz, San Fernando, Puerto Real, el Puerto de Santa María, Alcalá de los Gazules y Sanlúcar de Barrameda— se detuvieron a admirar los depósitos de agua, considerados una obra notable de ingeniería local. El ambiente fue distendido: conversación animada, saludos cruzados, y la sensación de que aquella convocatoria reforzaba la cohesión de la administración provincial.

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