menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

La paradoja del Parador

22 0
23.02.2026

Redacto estas líneas unas horas antes de que las autoridades de la isla y numerosos invitados se dirijan a la inauguración del nuevo Parador de Ibiza, pudiendo corroborar algo que a los ibicencos ya se nos antojaba imposible: que llegaría el día en que esta obra concluiría del todo y por fin podríamos volver a disfrutar de la silueta de Dalt Vila diáfana y exenta de grúas. Me llegan noticias de que los preparativos protocolarios para el evento no han estado exentos de codazos. Al parecer, algún invitado incluso ha declinado asistir por las tensiones internas en su partido, dada la imposibilidad de colocar a toda la gente que anhelaba asistir a una de las más apetecibles hogueras de las vanidades prendidas esta legislatura, cuyo final ya se atisba en el horizonte.

Escribo, por tanto, desde el desconocimiento de lo que habrá dado de sí el acto, pero con el convencimiento de que dichos fuegos de artificio tampoco son lo importante, ni algo que vaya a tener la menor repercusión en el día a día del ibicenco corriente y moliente, preocupado por otras cuestiones más acuciantes. Por ejemplo, dónde va a encontrar casa y si podrá afrontar el pago del alquiler; si conseguirá aguantar el año que falta hasta que le operen esa rodilla que no le deja dormir por las noches o si logrará llegar a fin de mes, ahora que le coincide el pago del seguro de la casa con una visita al dentista y esos precios exorbitantes en el supermercado, que no cesan de crecer.

La gran paradoja y lección que nos deja la apertura del Parador, instalado en el Castillo y la Almudaina de Dalt Vila, no son el boato y la fanfarria de la inauguración en sí misma, sino la particular estrategia que los gestores del establecimiento, que, recordemos, pertenece a una cadena hotelera pública, han aplicado para afrontar la penosa realidad ibicenca y lograr así completar su equipo de trabajadores, dado que el 10 de marzo llegan los primeros turistas.

Dicha solución, tal y como nos ha ido relatando la prensa local, ha consistido en destinar 25 de las 66 habitaciones del Parador a residencia de empleados, lo que viene a significar casi el 40% de su capacidad de alojamiento. Sin duda, la jugada no ha sido fruto del ingenio del director general de explotación de la compañía o de alguno de sus subordinados, sino que ha sido una imposición de la cruda realidad pitiusa. Debía de ser eso o no poder abrir por falta de personal.

A menudo, cuando me abstraigo con la problemática de la vivienda en la isla, me viene a la memoria esa cancioncilla que popularizó el grupo The Refrescos a finales de los 80, llamada ‘Aquí no hay playa’. La letra presenta las maravillas que disfrutan los madrileños al residir en una gran capital, como los teatros, los cines, los museos, el parque del Retiro o las universidades. Sin embargo, al llegar agosto, no tienen una orilla donde chapotear. En Ibiza podríamos hacer la versión inversa, relatando todas las playas que sí poseemos y también los hoteles de lujo, los restaurantes fastuosos y los beach clubs. Lo que nos falta, sin embargo, es un techo bajo el que vivir. Se podría titular ‘Aquí no hay casa’.

Imagino el quebradero que esta reducción de plazas ha supuesto para los responsables de la cadena, que han visto cómo toda su planificación de negocio se iba al garate en un santiamén. Una compañía privada, por ejemplo, jamás habría afrontado una inversión como ésta, ni tampoco habría aceptado un plan de negocio a priori tan descabellado, como sí lo ha hecho Paradores. Para que luego digan que la gestión de lo público siempre funciona mejor en manos privadas.

Y que nadie se equivoque. Aunque el establecimiento comience perdiendo dinero, su gestión no supondrá un lastre para los contribuyentes. Con el de Ibiza, la cadena ya alcanza los 99 establecimientos y, aunque no todos son rentables, la gran mayoría sí. El año pasado, Paradores facturó 337 millones de euros, con un beneficio final de 23 millones. Cabe recordar también que el club de fidelización de Paradores de Turismo ya alcanza el millón de asociados y que en su mayoría son personas interesadas en la historia, el patrimonio, la cultura y la gastronomía del lugar donde se asienta cada establecimiento. Igualito al perfil del turista medio que nos frecuenta.

En definitiva, el Parador de Ibiza, más allá del resultado de la intervención arquitectónica, la habilitación hotelera y la recuperación arqueológica, que aún no conocemos al detalle, ya ha dado una valiosa lección a los hoteleros pitiusos. Si quieres empleados profesionales y en cantidad suficiente, renuncia a una parte de tus ingentes beneficios y transforma habitaciones en estancias para empleados. Así se hizo en los primeros hoteles y dio buen resultado.

Suscríbete para seguir leyendo


© Diario de Ibiza