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21 años poniendo nombre y apellidos a las mujeres que transforman nuestra isla

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27.03.2026

Mientras preparaba mi intervención para la entrega del Premio 8M de este año, un pensamiento me atravesó con la fuerza de lo evidente: no solo estábamos premiando a una mujer, estábamos honrando una genealogía. Al repasar los detalles del encuentro, pensé en todas las compañeras que, de forma discreta y constante durante más de dos décadas, han trabajado desde nuestra asociación para que las mujeres de nuestra isla reciban el reconocimiento que merecen. Somos simplemente las manos que sostienen el altavoz para que sus historias no se pierdan.

Desde hace 21 años, nos detenemos cada marzo para buscar referentes locales. Lo hacemos por una convicción compartida: lo que no se nombra, no existe; y lo que no se premia, a menudo se olvida. Este galardón nació con la humilde intención de reconocer trayectorias vitales y profesionales que, desde lo público o lo privado, han ayudado a las demás a ser más independientes.

Al mirar la lista de las premiadas desde 2006, se dibuja un retrato fiel de la evolución de Ibiza. Es un mosaico de resistencia y talento. Están las que defendieron nuestra tierra y el entorno, como Margalida Tur o Hazel Morgan; las que abrieron caminos en la salud y la primera línea hospitalaria, como las doctoras Cristina Molina y Paz Merino.

Hemos tenido el honor de escuchar a quienes sostuvieron la educación desde las aulas y la conciliación, como Llanos Lozano, Antònia ‘Cala’, Margarita Noguera y Amèlia Torres. La cultura y el arte han brillado con nombres como Lina Bufí, Charlotte Look, Meche Chapí, Pilar Garzón y la poeta Nora Albert.

Hemos aprendido de obreras sindicalistas como Francisca Clapés y de las últimas artesanas de oficios olvidados, como la «matalassera» Francisca Ribas. El liderazgo en la gestión y el compromiso social ha quedado personificado en figuras como Pilar Ferrero, Ada Yurramendi y Cristina Martín, junto a la lucha por la salud mental de Rosa Vallès y Mercedes Corell.

Este año, al sumar a Maria Antònia Ferrer Ribas, cerramos un círculo que va de la tierra al liderazgo. Su trayectoria como agricultora resume la historia de tantas mujeres ibicencas: el paso de la labor invisible en el campo a la gestión profesional y cooperativa.

Todas ellas son nuestras maestras de vida. Quienes organizamos este premio cada año solo aspiramos a seguir tejiendo esa red de seguridad y de ambición para las que vienen detrás. 21 años después, seguimos poniendo nombres y apellidos. No por nostalgia, sino por justicia. Porque una isla que conoce y honra a sus mujeres es, irremediablemente, una isla con memoria.

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