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Nuestra cocina tradicional, herramienta de futuro frente al desperdicio alimentario

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30.03.2026

El 30 de marzo se celebra el Día Internacional de Cero Desechos y, este año, la efeméride pone el foco en el desperdicio alimentario, un problema injusto a nivel social —cuando millones de personas pasan hambre—y también ambiental, ya que genera cerca del 10 % de las emisiones globales de gases de efecto invernadero y supone el 30 % de la superficie agrícola mundial.

Ibiza también contribuye a este problema. Según los últimos datos del Consell Insular d’Ibiza, entre enero y julio de 2025 la isla recogió 6.282 toneladas de materia orgánica. Aunque la recogida selectiva muestra un ligero aumento anual del 1,45 %, lo cierto es que, según la caracterización realizada en el Área Ambiental de Ca Na Putxa, en 2024 el 28,6 % de los residuos en masa (RSU) o rechazo (contenedor gris) correspondía a materia orgánica desechada de forma inadecuada. Estas cifras evidencian que la prevención del desperdicio alimentario avanza mucho más despacio de lo que exige una isla limitada en recursos y territorio.

Se trata de un problema que empieza cuando compramos de más, conservamos mal, cocinamos sin planificación, o cuando dejamos que se echen a perder alimentos aprovechables así como una enorme cantidad de recursos, trabajo y dinero. Por eso, desde IbizaPreservation buscamos actuar desde el origen previniendo el desperdicio de comida con proyectos que promueven la cocina “desperdicio cero”, como “Zero Waste Chefs EU”. Este proyecto europeo, financiado por el programa Erasmus+, promueve la reducción del desperdicio alimentario en el sector de la restauración mediante la formación profesional. Cuenta con una guía de buenas prácticas en cocinas y escuelas de hostelería y, entre otras acciones, recopila recetas del mundo, entre ellas de Ibiza, cuya cocina tradicional es, en esencia, una cocina de aprovechamiento nacida de la insularidad, la estacionalidad y los recursos limitados.

La lógica payesa ante la falta de abundancia siempre ha sido inteligente: usando producto local, conservándolo y sacando partido de cada ingrediente. Por ejemplo, el bullit de peix surgió para aprovechar el pescado que no se había vendido y su caldo se usa para elaborar el arroz a banda; o la greixonera, que nació para dar salida a las ensaimadas del día anterior.

Poner en valor hoy esta inteligente lógica del saber tradicional no es solo un gesto nostálgico, sino una decisión práctica y cultural. Porque muchas de las respuestas de futuro que buscamos frente al desperdicio alimentario las tenemos justo delante. Por eso, hoy reivindicamos esa cocina: la que ayuda a reducir residuos, a fortalecer el producto local, a mantener saberes adaptados a la realidad de cada lugar y a proteger un patrimonio cultural que puede orientar una transición hacia modelos alimentarios más sostenibles. Hoy reivindicamos nuestra cocina.

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