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¿A quién molesta tanto Es Puetó?

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wednesday

Cuando era pequeña, vivía en es Pouet. Entre el restaurante Es Puetó y la valla de nuestro jardín sólo había arena. Vivía en una casa sobre un varadero y con una terraza que tenía unas grandes puertas correderas que, al abrirse por completo, permitían que la brisa salada llenara todos los rincones. Desde el muelle de Es Puetó, vimos la sombra de la manta gigante que, un buen día, entró en la ensenada provocando un revuelo que hoy se me antoja disparatado pero que es parte de la historia de la bahía. Los hermanos mayores de uno de los amigos del barrio la vieron mientras buceaban, nos sacaron del agua, a rastras, a los más pequeños y acabamos todos en el muelle oteando el mar en busca del perfil de un monstruo que no era tal. En el muelle de Es Puetó nos clavamos más de un anzuelo que mi abuela nos sacaba, allí mismo, de algún pie mientras un camarero sostenía el setrí del aceite que usaba para la extracción. Y celebramos más de un cumpleaños en Es Puetó.

Hace cincuenta años, Es Puetó ya existía. Y el Hawai y el Osiris. Pero es probable que no hubiera ni un diez por ciento de los bares y hoteles que hay ahora en toda la bahía de Portmany. No existían ni el Ocean Beach —con sus denuncias por ruido y su exceso de plástico— ni el hotel Seaview de Port des Torrent, que cuando se levantó ya era una aberración. No había........

© Diario de Ibiza