Nuestro papel
29 de marzo 2026 - 03:08
He estado a punto de escribir otro artículo quejumbroso. Mis desventuras con los mecánicos no cejan. Me desazona que la gente haga su trabajo tan mal, tan lento, tan poco, tan caro y con tanta desgana. Lo veo un indicio de decadencia tan significativo como el caos político o la impiedad legislativa. Diferencia de escala, pero idéntico seísmo moral.
Sin embargo, se han librado ustedes. Iba yo con mi agobio dando un paseo cuando me crucé con mi amigo Juan Galobart, que caminaba con su mujer y su perro, y una bolsa repleta de basura y una pinza de alcance. Ver a Juan siempre es una alegría. Se sintió obligado a explicarme la razón del artilugio recolector y la bolsa. Ha desarrollado una nueva afición, que está tratando de extender. Sale a pasear y por el camino va recogiendo plásticos, latas vacías y papeles, y los tira a un contenedor.
Recordé a Ernst Jünger que practicaba la caza minúscula frente a la caza mayor y la menor. Buscaba insectos con tal ahínco que se hizo un experto entomólogo. Galobart practica la caza ecológica y, por ahora, es experto en el pasmo ante lo guarros que somos. Su labrador todavía no parece muy comprometido con esta eco-caza, pero todo se andará. La pasión que Juan no contagie está por ver. Yo le aplaudí la iniciativa. Soy partidario de hacer tres cosas a la vez, porque la vida es breve y debemos multiplicarla. Juan estaba cuidando su matrimonio, aireando a su perro, moviendo las piernas y el corazón y limpiando el barrio. Podría haberse concentrado en quejarse del servicio municipal de limpieza, pero él limpia su calle y aparta los aspavientos.
Seguí mi paseo con otro ánimo. Comprobé lo reluciente que estaba la acera por la que había bajado mi amigo. Y más allá del “gadgeto” gancho, la metáfora que dejaba es espléndida.
Está muy bien opinar de geopolítica, preocuparse por el estado terminal de la nación y protestar por el hundimiento de Occidente, pero más importante todavía es hacer nuestro papel y algo más, que puede consistir en recoger papeles tirados por otros. Dejar a nuestro paso una estela de limpieza, de buen humor, de humildad desvergonzada y de manos a la obra, que oponga a la teoría de las ventanas rotas la práctica de las calles impolutas. Para empezar, Juan me ha librado –y a ustedes– de un artículo quejumbroso e impotente.
También te puede interesar
Enrique García-Máiquez
Las mochilas de María Jesús
La paz en la Semana Santa
‘MasterChef’ está quemado
La soledad de los conectados
Lectura nacional del 17 de mayo
